MENU
  • Conoce cual es el mejor calentador solar de México

  • Conoce que tan sana es el agua en tu casa

martes, 20 de enero de 2026

  • enero 20, 2026

Chile continúa enfrentando una de sus peores crisis por incendios forestales. Las llamas ya arrasaron más de 30 mil hectáreas en el centro y sur del país, con un balance preliminar de 20 personas fallecidas, 75 heridas y más de 1.500 damnificadas. Ante la magnitud del desastre, el presidente Gabriel Boric decretó estado de catástrofe en las regiones de Ñuble y Bío Bío.

Los focos activos siguen siendo numerosos y se extienden también a la Región Metropolitana y La Araucanía, donde rige alerta roja. El avance del fuego obligó a evacuar a cerca de 50 mil personas, mientras viviendas, vehículos e infraestructura resultaron gravemente dañados.

Aunque durante la noche el combate a las llamas mostró avances, las autoridades advirtieron que las altas temperaturas, el viento y la baja humedad podrían reactivar incendios durante el día. Por ello, brigadas y equipos de emergencia permanecen desplegados en el territorio.

La tragedia motivó además ayuda internacional, con apoyo de países como Brasil, Argentina, Estados Unidos, México y Canadá. Sin embargo, el gobierno chileno recordó que la mayoría de los incendios tienen origen humano, ya sea por negligencia o de forma intencional, y reforzó el llamado a la prevención.

Mientras se evalúan los daños —con más de 325 viviendas destruidas—, Chile enfrenta una emergencia que combina crisis climática, impacto social y la urgencia de fortalecer las medidas preventivas para evitar nuevas catástrofes. 🌲🔥

  • enero 20, 2026


 En sintonía con la reciente decisión de Donald Trump, el gobierno de Javier Milei analiza la posibilidad de retirar a la Argentina de diversos organismos internacionales, incluidos varios vinculados a la ONU. La medida, que ya está siendo evaluada en Cancillería, refuerza el alineamiento político del Ejecutivo con la administración estadounidense.

Días atrás, Estados Unidos anunció su salida de 66 entidades multilaterales que considera “ineficaces” o contrarias a sus intereses. Entre ellas, hay organismos dedicados al cambio climático, el desarrollo sostenible y la igualdad de género. Ahora, funcionarios argentinos no descartan seguir ese mismo camino.

La decisión de Trump fue celebrada públicamente por sectores del oficialismo. El asesor presidencial Santiago Caputo incluso afirmó que “la era del multilateralismo ha terminado”, mientras otros funcionarios ratificaron su apoyo irrestricto a las decisiones de Washington.

Argentina ya cuenta con un antecedente reciente: en febrero de 2025, el Gobierno anunció su retiro de la Organización Mundial de la Salud, argumentando diferencias con la gestión de la pandemia. Desde entonces, la crítica a los organismos supranacionales se volvió parte central del discurso oficial.

En Cancillería reconocen que el tema está bajo análisis, aunque admiten que retirarse no es sencillo. La salida podría implicar pérdida de acceso a créditos internacionales, menor peso en decisiones ambientales globales y un mayor aislamiento diplomático. “No somos Estados Unidos”, reconocen puertas adentro, conscientes de las limitaciones del país.

Aun así, Milei mantiene una postura frontal contra la Agenda 2030, la lucha contra el cambio climático y las políticas de igualdad, a las que suele calificar como parte de una “agenda ideológica”. Todo indica que estos cuestionamientos volverán a ocupar un lugar central en su próximo discurso en el Foro de Davos.

Aunque no hay una decisión tomada, el debate ya está instalado. Y la posibilidad de que Argentina dé la espalda a organismos internacionales clave vuelve a encender alarmas sobre el rumbo ambiental, diplomático y económico del país.

  • enero 20, 2026


Brasil es sinónimo de verano, mar y playas icónicas. Sin embargo, en medio de esa enorme diversidad costera, Praia do Sancho, en el archipiélago de Fernando de Noronha, sobresale por una razón clara: es una de las playas mejor conservadas del planeta y un modelo de turismo sustentable a escala global.

Reconocida en reiteradas ocasiones como la mejor playa del mundo por rankings internacionales como los Traveler’s Choice de Tripadvisor, Praia do Sancho combina paisajes espectaculares, biodiversidad protegida y reglas estrictas que priorizan la conservación por sobre la explotación turística.

Un santuario natural casi intacto

La playa se caracteriza por sus aguas turquesas y transparentes, arena dorada y altos acantilados cubiertos de vegetación. Bajo la superficie, la vida marina es abundante: tortugas, peces tropicales, delfines y tiburones limón conviven en un ecosistema saludable y equilibrado.

Al formar parte del Parque Nacional Marino de Fernando de Noronha, el área cuenta con regulaciones ambientales estrictas que limitan actividades humanas y protegen tanto el entorno terrestre como marino.

Turismo controlado para proteger el ecosistema

Uno de los pilares de su preservación es el control del acceso. No hay construcciones masivas, vendedores ambulantes ni turismo desbordado. Para ingresar a la isla, los visitantes deben pagar una tasa de preservación ambiental, destinada al mantenimiento del parque y al control del impacto humano.

Este sistema no solo reduce la presión sobre el ecosistema, sino que también promueve una experiencia más consciente y respetuosa, cada vez más valorada por quienes buscan viajar sin dejar huella ambiental.

Lo que hay que saber antes de visitarla

El acceso a Praia do Sancho se realiza a través de una escalera metálica incrustada en la roca volcánica o por vía marítima. No cuenta con servicios en la playa, por lo que es necesario llevar agua, protección solar y alimentos ligeros. También se deben respetar horarios específicos de ingreso y salida.

Entre las actividades más destacadas se encuentran el snorkel y el buceo, ideales gracias a la visibilidad del agua, además de senderos y miradores que ofrecen vistas panorámicas únicas del archipiélago.

Praia do Sancho no es solo un destino paradisíaco: es la prueba de que el turismo bien gestionado puede proteger la naturaleza, generar conciencia y ofrecer experiencias inolvidables. Un verdadero santuario ecológico que marca el camino hacia un turismo más responsable. 


miércoles, 14 de enero de 2026

  • enero 14, 2026

Carolina Guzmán, agrobióloga mexicana con más de dos décadas dedicadas a la conservación ambiental, se convirtió en el rostro de una realidad tan urgente como peligrosa: la defensa del territorio en un país marcado por la violencia contra activistas ambientales.

Desde las montañas de la Sierra Madre de Chiapas, Guzmán ha trabajado como guardabosque, defensora ambiental y asesora rural, acompañando a comunidades en la protección de sus recursos naturales. Su experiencia fue clave para dar vida a La reserva, la ópera prima del director Pablo Pérez Lombardini, una película que retrata las amenazas, el aislamiento y los riesgos que enfrentan quienes protegen los ecosistemas.

El proyecto nació tras el impacto que causaron en el director los incendios del Amazonas y los datos alarmantes sobre asesinatos de defensores ambientales en México, uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer esta labor. La historia se desarrolla en una comunidad cafetalera de Chiapas y sigue a una guardabosque que decide enfrentar sola la tala ilegal, aun cuando el miedo y el silencio dominan a su entorno.

Guzmán llegó al filme como guía de campo, pero su convicción, valentía y conocimiento del territorio convencieron al director de que ella debía protagonizar la historia. Sin experiencia previa en actuación, asumió el reto con plena conciencia de la responsabilidad que implicaba representar una lucha real.

La reserva, ganadora de los principales premios en el Festival Internacional de Cine de Morelia, no solo visibiliza la crisis de violencia ambiental en México y América Latina, sino que también construye un retrato íntimo de la resistencia, el cuidado colectivo y la fuerza de quienes se niegan a abandonar el territorio.

La historia de Carolina Guzmán recuerda que defender la naturaleza no es un acto simbólico: es una tarea constante, compleja y, muchas veces, peligrosa. Pero también es una lucha indispensable para proteger la biodiversidad y el futuro de las comunidades.

  • enero 14, 2026


Una nueva serie de bombardeos con drones y misiles golpeó distintas ciudades de Ucrania, provocando muertes, decenas de heridos y graves daños en infraestructura clave. Como consecuencia, millones de personas quedaron sin suministro eléctrico, lo que agrava una crisis humanitaria ya crítica.

En Kiev, varios impactos alcanzaron zonas residenciales y afectaron servicios esenciales. Miles de hogares quedaron sin calefacción en pleno invierno, exponiendo a la población a temperaturas extremas.

Al mismo tiempo, hospitales, centros médicos y ambulancias sufrieron interrupciones en su funcionamiento. Esto complicó la atención de emergencias y elevó el riesgo para pacientes y personal sanitario.

Infraestructura civil bajo ataque constante

Los bombardeos se concentraron en redes eléctricas y sistemas de abastecimiento de agua. De este modo, amplias áreas urbanas quedaron sin energía ni acceso seguro a servicios básicos.

Niños, personas mayores y sectores vulnerables son los más afectados. Cada día sin electricidad incrementa los riesgos sanitarios y sociales.

Aunque equipos técnicos y organizaciones humanitarias trabajan para restablecer el suministro, los ataques continuos dificultan las reparaciones y prolongan el colapso de los servicios.

Una crisis humanitaria que no da tregua

La intensificación de los ataques se suma a meses de destrucción sostenida. El conflicto mantiene una presión constante sobre la población civil, que enfrenta desplazamientos forzados y la pérdida de viviendas.

La necesidad de refugio, alimentos y abrigo crece sin pausa. Si bien la ayuda internacional sigue llegando, la magnitud de la emergencia supera los recursos disponibles, profundizando el deterioro humanitario.

La huella ambiental de la guerra

Más allá del impacto humano, la guerra deja una marca profunda en el ambiente. Los bombardeos alteran suelos, destruyen ecosistemas y liberan sustancias contaminantes.

Las explosiones en zonas industriales generan incendios y emisiones tóxicas, lo que incrementa la contaminación del aire y contribuye al calentamiento global. Además, ríos y acuíferos quedan expuestos a derrames de combustibles y residuos peligrosos, poniendo en riesgo el acceso al agua potable.

Naturaleza dañada y biodiversidad en riesgo

Las áreas rurales y forestales también sufren las consecuencias del conflicto. Campos minados, suelos degradados y hábitats destruidos impiden la recuperación natural del territorio.

La fauna silvestre se desplaza o desaparece, rompiendo equilibrios ecológicos en vastas regiones. A largo plazo, estos daños reducen la capacidad del país para sostener actividades productivas y alimentarias.

Reconstrucción: un desafío ambiental y social

La magnitud de la devastación plantea desafíos que irán más allá del fin de la guerra. La reconstrucción exigirá integrar criterios ambientales y apostar por infraestructuras más resilientes.

Incorporar energías limpias y proteger los recursos naturales será clave para reducir el impacto ecológico acumulado. El conflicto en Ucrania deja en evidencia que la guerra no solo destruye ciudades y vidas, sino que también compromete el futuro ambiental de toda una región.

  • enero 14, 2026


Hawái comenzó a impulsar un cambio estructural en el sector aéreo al poner en marcha un proyecto que busca reducir de forma tangible la huella climática de los vuelos. A través de una alianza entre aerolíneas, empresas energéticas y productores agrícolas locales, el archipiélago apuesta por el uso de combustible sostenible de aviación (SAF) fabricado en territorio hawaiano, uno de los mayores desafíos en la transición energética global.

En este marco, Hawaiian Airlines y Alaska Airlines firmaron un acuerdo con Par Hawaii para desarrollar y utilizar biocombustible producido localmente. La iniciativa marca un giro concreto: la descarbonización del transporte aéreo deja de ser una promesa a largo plazo y comienza a integrarse en una cadena productiva real, basada en recursos y trabajo locales.

Además de reducir emisiones, el plan busca disminuir la dependencia de combustibles fósiles importados, fortaleciendo la seguridad energética de las islas y combinando objetivos climáticos con estabilidad económica.

Agricultura local como motor energético

El proyecto se apoya en una colaboración con Pono Pacific, a través de su división energética, que impulsa el cultivo de camelina, una planta oleaginosa de rápido crecimiento y bajo requerimiento de agua y fertilizantes. Este cultivo puede alternarse con producciones alimentarias, lo que permite generar energía sin competir con la agricultura destinada al consumo humano.

La camelina ofrece un aprovechamiento integral: el aceite se transforma en SAF, mientras que los subproductos se destinan a la alimentación animal. De este modo, se configura un sistema circular que maximiza recursos y reduce desperdicios.

Primeros vuelos con SAF en 2026

El cronograma ya está definido. Las primeras entregas de combustible sostenible producido en Hawái están previstas para principios de 2026, cuando las aerolíneas comenzarán a incorporarlo en sus operaciones regulares. Así, el biocombustible pasará de la fase de desarrollo a su uso directo en la aviación comercial.

En paralelo, Par Hawaii avanza en la adaptación de su refinería para procesar aceites vegetales y aceites usados, ampliando la capacidad de producción renovable. Aunque el proyecto cuenta con inversiones y cooperación internacional, el eje sigue siendo local: producción agrícola, empleo y conocimiento en las islas.

Un combustible clave para reducir emisiones

El SAF permite recortar hasta un 80 % de las emisiones de carbono a lo largo de su ciclo de vida en comparación con el combustible tradicional. Su principal ventaja es que puede utilizarse en los aviones actuales sin necesidad de modificar motores ni infraestructura aeroportuaria.

Además de su impacto climático, el desarrollo de este combustible impulsa innovación tecnológica, diversifica la economía hawaiana y abre nuevas oportunidades para el sector rural. A nivel ambiental, también reduce la contaminación del aire y la presión sobre ecosistemas afectados por la extracción y el transporte de petróleo.

Obstáculos y visión de largo plazo

Pese a su potencial, el SAF aún enfrenta desafíos importantes: su costo sigue siendo más alto que el del combustible convencional y la producción global es limitada. Por eso, el avance de este tipo de proyectos depende en gran medida de políticas públicas, incentivos económicos y acuerdos sostenidos entre el sector privado y los gobiernos.

Con esta iniciativa, Hawái se posiciona como un laboratorio de la aviación sustentable, demostrando que la transición ecológica puede construirse desde lo local y que la integración entre agricultura, energía e industria es clave para un modelo de transporte más limpio.

martes, 13 de enero de 2026

  • enero 13, 2026


La Patagonia Norte enfrenta una de las crisis ambientales más graves de las últimas décadas. Un reciente informe del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) advierte que la región arrastra un déficit hídrico sostenido desde hace aproximadamente 15 años, con una caída de entre el 30 % y el 40 % en las precipitaciones registradas en las zonas de alta montaña.

El estudio revela que esta sequía prolongada se agravó durante el último invierno, cuando prácticamente no hubo acumulación de nieve en las cumbres. Esta falta de nieve compromete la recarga natural de ríos y napas subterráneas, afectando directamente a las cuencas Limay y Neuquén, claves tanto para el abastecimiento de agua como para la generación de energía eléctrica en el país.

Según especialistas del INTA, el cambio climático es el principal factor detrás de este escenario. Los patrones históricos de precipitaciones se alteraron de forma drástica, provocando que lo que antes se consideraba “normal” ya no lo sea. A esto se suman actividades humanas que intensifican el calentamiento global y la emisión de gases de efecto invernadero.

Otro punto de alerta es la aparición de lluvias cada vez más intensas pero concentradas en cortos períodos de tiempo. Aunque parezcan abundantes, estas precipitaciones no logran infiltrarse en el suelo, generando escorrentías rápidas, inundaciones repentinas y una pérdida de agua que no contribuye a aliviar la sequía.

Las consecuencias ya se sienten en toda la región: menor disponibilidad de agua, estrés sobre los ecosistemas, riesgos para la producción agropecuaria y una creciente vulnerabilidad frente a eventos climáticos extremos. Los expertos advierten que, si esta tendencia se mantiene, la situación podría empeorar en los próximos años.

Frente a este panorama, el INTA continúa monitoreando las cuencas y llama a prestar atención urgente a una crisis que dejó de ser coyuntural. La sequía en la Patagonia ya no es un episodio aislado, sino una señal clara de un cambio profundo en el clima de la región.

  • enero 13, 2026

 

El calentamiento global ya no es una advertencia a largo plazo, sino un proceso en curso que comienza a poner límites concretos a la vida humana. Nuevos análisis basados en información satelital muestran que, de mantenerse la tendencia actual, ciertas zonas del planeta podrían dejar de ser habitables en los próximos 50 años.

Investigaciones recientes apoyadas en datos de la NASA indican que el aumento sostenido de las temperaturas, combinado con altos niveles de humedad, podría generar condiciones extremas que el cuerpo humano no sería capaz de soportar durante períodos prolongados. La amenaza, advierten los científicos, no es puntual ni excepcional, sino acumulativa y progresiva.

El umbral físico que marca el límite de la vida humana

Para medir estos riesgos, los investigadores utilizan un indicador clave: la temperatura de bulbo húmedo. Este parámetro combina el calor ambiental con la humedad del aire y permite calcular el nivel real de estrés térmico que experimenta el organismo.

Cuando este valor supera ciertos umbrales, el cuerpo pierde su capacidad natural de enfriarse a través del sudor. En esas condiciones, incluso personas jóvenes y sanas pueden sufrir fallas orgánicas graves en cuestión de horas. Por ello, el bulbo húmedo se ha convertido en una herramienta central para anticipar escenarios extremos de inhabitabilidad.

Los datos sugieren que, en determinadas regiones, estos límites podrían alcanzarse de forma recurrente hacia mediados de siglo, haciendo imposible desarrollar una vida cotidiana segura.

Las regiones más expuestas al calor extremo

El sur de Asia figura entre las áreas con mayor nivel de riesgo. Allí, la combinación de altas temperaturas, humedad intensa y una elevada densidad poblacional podría llevar a situaciones críticas hacia el año 2070.

También preocupan el Golfo Pérsico y las zonas cercanas al mar Rojo, donde ya se registran condiciones térmicas extremas que podrían intensificarse con el paso de las décadas. En estos territorios, el calor sostenido pondría en duda la permanencia humana a largo plazo.

Otras regiones identificadas como vulnerables incluyen sectores de China, el sudeste asiático y Brasil. En estos casos, factores como la deforestación, la urbanización acelerada y el uso intensivo de recursos naturales amplifican los efectos del calentamiento global, elevando aún más el riesgo.

Impactos más allá de la salud humana

El aumento de temperaturas extremas no solo amenaza a las personas. Los ecosistemas también se ven profundamente alterados: los cambios en los patrones de lluvia y el calor persistente afectan la biodiversidad, degradan suelos y alteran ciclos naturales esenciales.

Estos desequilibrios incrementan la frecuencia de incendios forestales, sequías prolongadas e inundaciones severas. A largo plazo, los daños se acumulan y reducen la capacidad de los territorios para sostener vida humana y natural.

En el ámbito social, el calor extremo limita el trabajo al aire libre, compromete la producción de alimentos y presiona los sistemas de salud y energía. Como resultado, las desigualdades existentes se profundizan y aumentan los riesgos de migraciones forzadas y conflictos.

Un desafío urgente para el futuro cercano

La posibilidad de que partes del planeta se vuelvan inhabitables redefine la magnitud de la crisis climática. Ya no se trata únicamente de proteger el medio ambiente, sino de asegurar condiciones mínimas para la vida humana.

Los expertos coinciden en que la reducción de emisiones, la conservación de ecosistemas y la planificación de ciudades resilientes deben avanzar de forma simultánea. Cada año de retraso eleva el costo humano y ambiental. El desafío climático, concluyen, es uno de los mayores retos de este siglo y exige respuestas inmediatas.


viernes, 9 de enero de 2026

  • enero 09, 2026


 La cooperación ambiental entre Corea del Sur y China podría sumar un nuevo símbolo: los pandas gigantes. Durante la reciente visita de Estado del presidente surcoreano Lee Jae Myung a Pekín, ambos gobiernos abordaron la posibilidad de ampliar su colaboración bilateral en materia ecológica, incluyendo un eventual nuevo préstamo de pandas a Corea del Sur.

El tema formó parte de la agenda de la cumbre bilateral celebrada el 4 de enero y, según confirmaron las autoridades, seguirá siendo tratado en futuras conversaciones técnicas. El asesor de Seguridad Nacional de Corea, Wi Sung-lac, explicó en una conferencia de prensa que Seúl planteó formalmente la propuesta y que China aceptó continuar el diálogo a nivel de trabajo.

Actualmente, Corea del Sur alberga cuatro pandas gigantes, entre ellos las gemelas Rui Bao y Hui Bao. Fu Bao, la primera cría nacida en el país tras la llegada de los pandas en 2016, regresó a China en abril de 2024, un acontecimiento que generó amplia cobertura mediática internacional y reforzó el valor simbólico de estos animales como emblemas de amistad bilateral.

La posibilidad de un nuevo envío de pandas se interpreta como un gesto diplomático destinado a profundizar los lazos entre ambos países, tomando como referencia el impacto positivo que tuvo el caso de Fu Bao en la opinión pública y en las relaciones culturales entre Seúl y Pekín.

El diálogo sobre la cooperación en torno a los pandas continuó el 6 de enero, cuando el ministro surcoreano de Clima, Energía y Medio Ambiente, Kim Sungwhan, se reunió en Pekín con Liu Guohong, director de la Administración Nacional de Bosques y Pastizales de China. En el encuentro, ambas partes evaluaron los resultados de los programas conjuntos y acordaron fortalecerlos.

Estas conversaciones se produjeron tras la cumbre ministerial ambiental celebrada un día antes, en la que Kim Sungwhan y su homólogo chino, Huang Runqiu, firmaron un memorando de entendimiento para ampliar la cooperación en materia ambiental y climática. El acuerdo establece una hoja de ruta más ambiciosa que va más allá de los problemas tradicionales de calidad del aire, como las partículas finas y el polvo amarillo.

De acuerdo con lo pactado, la colaboración bilateral abarcará ahora áreas más amplias, como la lucha contra el cambio climático, el impulso a la economía circular y la conservación de la biodiversidad. En este contexto, la llamada “diplomacia del panda” se perfila no solo como un gesto simbólico, sino como una herramienta para fortalecer una agenda ambiental compartida entre Corea del Sur y China.

  • enero 09, 2026

 

Europa ha logrado avances sostenidos en la reducción de la contaminación atmosférica, pero estos no han sido suficientes para garantizar un aire saludable en sus ciudades. Según el más reciente informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA), el 95 % de la población urbana continúa respirando niveles de polución que superan ampliamente las recomendaciones sanitarias internacionales.

El estudio, publicado bajo el título Harm to human health from air pollution in Europe: burden of disease status, 2025, confirma que durante casi dos décadas se ha registrado una disminución constante del impacto sanitario asociado a la exposición prolongada a contaminantes clave como las partículas finas (PM2,5), el dióxido de nitrógeno (NO₂) y el ozono (O₃). Aun así, la contaminación del aire sigue representando una amenaza estructural para la salud pública en el continente.

Avances claros, pero insuficientes

Entre 2005 y 2023, la Unión Europea logró reducir en un 57 % las muertes prematuras vinculadas a la exposición a partículas finas. Este progreso permitió alcanzar antes de lo previsto uno de los principales objetivos del Plan de Acción de Contaminación Cero, que buscaba una reducción del 55 % del impacto sanitario asociado a la polución.

Sin embargo, la EEA advierte que el margen de mejora sigue siendo amplio. Si los niveles de contaminación se ajustaran a las directrices de la Organización Mundial de la Salud, solo en 2023 se habrían evitado alrededor de 182.000 muertes relacionadas con las PM2,5, además de decenas de miles atribuibles al ozono y al dióxido de nitrógeno.

Un problema desigual y persistente

La carga de la contaminación no afecta por igual a todos los países europeos. Las regiones del este y sudeste del continente registran los mayores impactos, debido a concentraciones más elevadas de contaminantes. Esta desigualdad queda reflejada en los perfiles nacionales que acompañan el informe, donde se detallan los efectos específicos en cada territorio.

Más allá de la mortalidad, la contaminación del aire deteriora la calidad de vida de millones de personas. Enfermedades respiratorias crónicas, como el asma, generan daños prolongados, mientras que patologías cardiovasculares y el cáncer de pulmón siguen estando estrechamente vinculados a la exposición prolongada a contaminantes. El informe incorpora además nuevas evidencias que relacionan la polución atmosférica con la demencia, una afección cuya carga sanitaria podría ser mayor de lo estimado hasta ahora.

Nuevas normas para cerrar la brecha con la OMS

La reciente aprobación de una nueva directiva europea sobre calidad del aire busca acercar los límites legales a los estándares recomendados por la OMS. Esta actualización normativa representa un avance clave para reducir los daños a la salud en los próximos años, especialmente en entornos urbanos.

Pese a ello, la contaminación atmosférica sigue siendo el principal riesgo ambiental para la salud en Europa, superando a otros factores como el ruido, las sustancias químicas o el aumento de las olas de calor asociadas al cambio climático. El informe analiza datos de 41 países europeos, incluidos los Estados miembros de la UE y otros países del Espacio Económico Europeo. La EEA aclara que los impactos sanitarios de los distintos contaminantes no deben sumarse entre sí para evitar dobles contabilizaciones.

La publicación del informe coincide con la celebración del Foro Europeo del Aire Limpio en Bonn, un espacio de diálogo que reúne a responsables políticos, científicos y representantes de la sociedad civil para reforzar las estrategias destinadas a mejorar la calidad del aire en Europa.

  • enero 09, 2026


Cuando terminan las fiestas, en Nueva York los árboles de Navidad no acaban en el basurero. Durante el último año, la ciudad recicló más de 50.000 abetos y pinos utilizados en celebraciones para convertirlos en mantillo orgánico destinado a nutrir parques y espacios verdes. Y la iniciativa volverá a ponerse en marcha este año.

El programa municipal convierte los árboles que decoraron hogares y plazas en material biodegradable que mejora el suelo urbano. En puntos emblemáticos como Washington Square Park, el contraste es evidente: mientras un árbol iluminado sigue en pie bajo el famoso arco, a pocos metros se acumulan decenas de árboles secos listos para ser triturados y reutilizados.

Compostaje obligatorio y compromiso ciudadano

El reciclaje de árboles de Navidad forma parte de una política obligatoria impulsada por el Departamento de Saneamiento de la ciudad. Los residentes deben retirar luces y adornos antes de dejar los árboles en la acera durante los días de recolección de compost, o bien llevarlos a centros habilitados para tal fin.

Aunque la mayoría participa, no faltan quienes abandonan los árboles junto a la basura común, dejando restos secos en las calles durante días. Aun así, muchos neoyorquinos celebran la iniciativa. “Me gusta pensar que mi árbol tendrá una segunda vida y ayudará a la ciudad”, comentó una residente tras depositar el suyo en un punto de recolección.

Mulchfest: reciclar en vivo

Para fomentar la participación, la ciudad organiza cada año el Mulchfest, un evento abierto al público en el que los árboles son triturados en directo. Durante el festival, los asistentes pueden ver cómo el símbolo de las fiestas se convierte en astillas de madera que luego se usan para enriquecer el suelo y proteger árboles urbanos.

La edición de este año está prevista para el fin de semana del 10 y 11 de enero. Más allá del impacto ambiental, el evento busca concientizar sobre la importancia del reciclaje orgánico en una de las ciudades más densamente pobladas del mundo.

Un servicio que también mueve dinero

La gestión de los árboles navideños ha dado lugar a un pequeño negocio urbano. Muchas familias contratan empresas especializadas para transportar y retirar sus árboles tras las fiestas. Según trabajadores del sector, algunas compañías recogen miles de ejemplares cada temporada y ofrecen servicios que incluyen traslado, desmontaje de luces y entrega a centros de reciclaje.

Los precios varían según el tamaño del árbol y los servicios contratados, y el volumen de trabajo puede generar ingresos millonarios en pocas semanas, reflejando la magnitud del consumo navideño en la ciudad.

Reciclaje urbano con impacto ambiental

El programa no está exento de desafíos logísticos, especialmente para quienes viven en edificios sin ascensor. Sin embargo, la iniciativa demuestra que incluso residuos estacionales pueden integrarse en una estrategia de economía circular.

Al convertir árboles de Navidad en mantillo para parques y jardines, Nueva York muestra cómo las grandes urbes pueden aplicar soluciones creativas y sostenibles, transformando desechos festivos en un recurso valioso para el ecosistema urbano.

jueves, 8 de enero de 2026

  • enero 08, 2026


El acceso a la electricidad continúa expandiéndose a nivel mundial, pero el avance no es suficiente para cumplir los objetivos internacionales. Al cierre de 2025, cerca del 92% de la población del planeta contaba con suministro eléctrico, una mejora significativa respecto a una década atrás. Sin embargo, el ritmo de expansión se desaceleró tras la pandemia y pone en duda la meta de lograr acceso universal en 2030.

Aunque millones de personas se conectan cada año a la red, el progreso actual no alcanza para cerrar la brecha. Si la tendencia no cambia, amplios sectores de la población seguirán dependiendo de fuentes de energía contaminantes, con consecuencias directas sobre la salud, el ambiente y el desarrollo económico.

Millones de personas siguen sin electricidad

A pesar de los avances, más de 660 millones de personas en el mundo todavía viven sin acceso a la electricidad. La mayoría se encuentra en comunidades empobrecidas, rurales o aisladas, donde la infraestructura básica es limitada o inexistente.

El mayor déficit se concentra en África subsahariana, que reúne alrededor del 85% de la población mundial sin electricidad. En esta región, la falta de energía afecta de forma directa servicios esenciales como hospitales, escuelas y sistemas de saneamiento, además de aumentar la presión sobre los ecosistemas locales.

Factores como la inestabilidad económica, los conflictos armados y la reducción del financiamiento internacional han dificultado la expansión de redes eléctricas, ralentizando aún más el progreso.

Avances desiguales entre regiones

Asia ha protagonizado algunos de los mayores avances en electrificación. Países como India e Indonesia lograron ampliar de forma notable el acceso en los últimos años. Sin embargo, otras naciones del continente mantienen un crecimiento muy limitado.

Estados como Pakistán, Afganistán, Myanmar y Mongolia concentran gran parte de la población asiática sin electricidad. Desde 2021, el ritmo de nuevas conexiones en estos países ha sido mínimo, lo que mantiene a millones de personas dependiendo de combustibles fósiles para cocinar y calentarse.

En África comienzan a observarse señales de mejora gracias a la expansión de la energía solar y a nuevas políticas públicas, aunque los avances siguen por debajo de los niveles registrados antes de la crisis sanitaria global.

América Latina: alta cobertura, retos persistentes

En América Latina, el acceso a la electricidad alcanza aproximadamente al 98% de la población. No obstante, los últimos segmentos sin servicio se concentran en zonas remotas y de difícil acceso.

Regiones como el altiplano andino y la Amazonía enfrentan obstáculos técnicos, económicos y ambientales para extender redes convencionales. En estos territorios, cerrar la brecha podría tomar más de una década si no se aceleran soluciones descentralizadas y sostenibles.

Haití representa el caso más crítico de la región, con cerca de la mitad de su población sin suministro eléctrico, una situación que agrava la pobreza y la vulnerabilidad ambiental.

Países con cobertura total y modelos energéticos sostenibles

Las naciones con mayor acceso a la electricidad se concentran principalmente en Europa occidental, donde redes consolidadas y políticas energéticas estables garantizan un suministro casi universal. En muchos de estos países, además, las energías renovables ganan cada vez más protagonismo.

Los países nórdicos destacan por su apuesta por fuentes limpias como la energía hidroeléctrica, eólica y la biomasa, reduciendo emisiones y protegiendo sus ecosistemas. En Asia, Japón y Corea del Sur combinan tecnología avanzada con redes eficientes, mientras que América del Norte mantiene altos niveles de acceso mediante sistemas diversificados.

En conjunto, estos modelos muestran que avanzar hacia la electrificación universal es posible sin renunciar a la sostenibilidad ambiental.

  • enero 08, 2026

La carrera espacial no solo ha multiplicado satélites y misiones: también ha dejado tras de sí un problema creciente y poco visible. Miles de objetos fuera de control orbitan la Tierra a gran velocidad, convirtiendo el espacio cercano en un entorno cada vez más riesgoso. Este cúmulo de restos —conocido como basura espacial— representa hoy una amenaza real para la infraestructura orbital y la seguridad global.

Fragmentos de cohetes, satélites fuera de servicio y partículas diminutas viajan a decenas de miles de kilómetros por hora. En este contexto, una sola colisión puede desatar una cascada de nuevos desechos, agravando un problema que ya preocupa a agencias espaciales de todo el mundo.

Ante este escenario, la ciencia explora soluciones que no empeoren la situación. En lugar de capturar o golpear los residuos, algunos investigadores apuestan por métodos “suaves”, capaces de mover objetos sin tocarlos directamente.

Un tractor electrostático basado en física real

Lejos de cualquier fantasía futurista, la propuesta se apoya en principios eléctricos bien conocidos. Un grupo de científicos de la Universidad de Colorado Boulder trabaja en el desarrollo de un llamado “tractor electrostático”, un sistema que permitiría desplazar basura espacial mediante fuerzas eléctricas.

La idea es utilizar una nave equipada con un emisor de electrones capaz de cargar negativamente un satélite inactivo. Al generar una atracción controlada entre ambos objetos, el sistema podría guiar el residuo hacia una órbita más segura o facilitar su reingreso controlado a la atmósfera.

El procedimiento sería lento, pero significativamente más seguro que otras técnicas como redes, brazos robóticos o arpones. Además, la nave operaría a una distancia constante —de varias decenas de metros— reduciendo al mínimo el riesgo de choques accidentales.

Un problema que ya ha dado señales de alarma

La amenaza de la basura espacial no es hipotética. En 2009, la colisión entre dos satélites provocó la generación de miles de fragmentos que aún hoy siguen orbitando la Tierra. Desde entonces, cada nuevo impacto aumenta el riesgo de una reacción en cadena capaz de inutilizar regiones enteras del espacio cercano.

Este fenómeno, conocido como síndrome de Kessler, es una de las mayores preocupaciones actuales. Por ello, las estrategias que evitan el contacto directo ganan cada vez más peso dentro de la comunidad científica.

Obstáculos económicos y plazos largos

Pese a su potencial, el tractor electrostático aún enfrenta desafíos importantes. El desarrollo tecnológico, las pruebas y el lanzamiento de un sistema operativo requieren inversiones millonarias. Además, incluso con financiación suficiente, pasarán años antes de que la tecnología pueda aplicarse a gran escala.

Sin embargo, la urgencia del problema mantiene el interés internacional. De concretarse, este enfoque podría marcar un antes y un después en la gestión del entorno orbital.

Basura espacial: una amenaza más allá del espacio

La basura espacial engloba todo objeto artificial que ha dejado de cumplir su función y permanece orbitando la Tierra, desde grandes satélites hasta fragmentos casi invisibles. Muchos de estos residuos pueden permanecer en el espacio durante décadas o incluso siglos.

Su impacto no se limita al ámbito espacial. La pérdida de satélites afecta sistemas de comunicación, navegación, observación climática y monitoreo ambiental. Proteger la órbita terrestre, advierten los expertos, es también una forma de proteger la vida y la infraestructura en el planeta.


  • enero 08, 2026

La administración de Donald Trump ha dado un nuevo paso en su distanciamiento de la cooperación internacional contra el cambio climático. Apenas iniciado su segundo mandato, el presidente de Estados Unidos no solo volvió a retirar al país del Acuerdo de París, sino que ahora ha ordenado abandonar dos de los principales pilares del sistema climático global: la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).

La decisión supone una ruptura total con los mecanismos multilaterales diseñados para coordinar la respuesta internacional al calentamiento global. Se trata de un movimiento especialmente significativo si se considera que Estados Unidos es el país que más emisiones de gases de efecto invernadero ha generado históricamente y uno de los mayores emisores en la actualidad. Aunque la postura del mandatario no resulta inesperada, sus consecuencias políticas, económicas y ambientales son de gran calado.

La Convención Marco de la ONU: el eje de la diplomacia climática

La CMNUCC nació en 1992 durante la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro y marcó el primer gran acuerdo internacional para hacer frente al cambio climático. Desde entonces, ha servido como marco legal y político para tratados posteriores, como el Protocolo de Kioto y el Acuerdo de París. Con la adhesión de casi todos los países del mundo, este organismo es el espacio central donde se negocian compromisos, se revisan avances y se celebran las cumbres climáticas anuales.

Tras la salida estadounidense del Acuerdo de París, quedaba abierta la incógnita sobre si Washington seguiría participando en las negociaciones multilaterales. La retirada de la Convención despeja cualquier duda: Estados Unidos abandona tanto los compromisos como el proceso de diálogo internacional.

El IPCC: la referencia científica global

El IPCC, creado en 1988 por Naciones Unidas, es el principal organismo internacional encargado de evaluar el conocimiento científico sobre el cambio climático. No produce investigaciones propias, sino que coordina a miles de expertos de todo el mundo para revisar la literatura existente y elaborar informes consensuados que sirven de base para la toma de decisiones políticas.

Sus evaluaciones periódicas, publicadas cada varios años, se consideran la referencia más sólida sobre el estado del clima, sus impactos y las posibles vías de mitigación y adaptación. Al retirarse de este organismo, la administración Trump no solo se aparta de los consensos políticos, sino que también se distancia del proceso científico que sustenta la acción climática global.

Un golpe al multilateralismo climático

La salida de estos organismos se produce en un contexto en el que la Casa Blanca ha reforzado su apoyo a la industria de los combustibles fósiles, incluso utilizando herramientas comerciales y geopolíticas para promover su consumo. Frente a los esfuerzos internacionales por reducir el uso de carbón, petróleo y gas, la estrategia estadounidense prioriza la expansión de estos sectores.

Al desvincularse de la CMNUCC y del IPCC, Estados Unidos deja de participar en las negociaciones, renuncia a influir en las reglas del sistema climático internacional y previsiblemente suspende su contribución financiera. Para numerosos actores internacionales, la decisión supone un debilitamiento del liderazgo global en un momento crítico.

Desde la Unión Europea, el comisario de Acción Climática, Wopke Hoekstra, calificó la retirada como una decisión “lamentable”, subrayando que la Convención es el pilar que sostiene la cooperación internacional para reducir emisiones y adaptarse al cambio climático. En una línea similar, la vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea, Teresa Ribera, denunció que la actual administración estadounidense ignora los impactos ambientales, sociales y humanos de la crisis climática.

Consecuencias también para Estados Unidos

Más allá del impacto global, expertos advierten de que la retirada puede perjudicar directamente a los intereses estadounidenses. David Widawsky, director del Instituto de Recursos Mundiales (WRI) en Estados Unidos, considera que abandonar la Convención climática supone “un error estratégico” que margina al país de un sistema vigente desde hace tres décadas y cede influencia internacional sin obtener beneficios a cambio.

El secretario ejecutivo de la CMNUCC, Simon Stiell, fue aún más contundente al describir la decisión como un “autogol colosal”. En su opinión, el aislamiento climático dejará a Estados Unidos en una posición más vulnerable frente a fenómenos extremos cada vez más frecuentes, como incendios forestales, inundaciones y sequías, al tiempo que debilita su competitividad económica.

Según Widawsky, el repliegue estadounidense puede traducirse en una pérdida de oportunidades en sectores clave del futuro energético. Mientras otras economías apuestan por las energías limpias y generan empleo e inversión, las comunidades y empresas de Estados Unidos corren el riesgo de quedarse rezagadas en una transición que avanza, incluso sin el respaldo de Washington.

miércoles, 7 de enero de 2026

  • enero 07, 2026






El creciente interés global por los psicodélicos con fines terapéuticos, espirituales y de bienestar está generando una presión cada vez mayor sobre las plantas y animales de los que se obtienen estas sustancias. Así lo advierte un estudio reciente publicado en Frontiers in Conservation Science, que analiza los riesgos de conservación que enfrentan el peyote, la ayahuasca, la iboga y el sapo del desierto sonorense.

La investigación subraya una preocupante falta de información científica sobre la ecología, distribución y tamaño poblacional de estas especies, lo que dificulta diseñar estrategias de conservación basadas en evidencia. Ante este vacío, los especialistas plantean como prioridad la creación de programas de monitoreo a largo plazo que permitan evaluar el estado real de las poblaciones y, a partir de ello, definir medidas como protección legal, restauración ecológica o repoblación, siguiendo criterios de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Durante siglos, estas plantas y animales han sido fundamentales para los pueblos indígenas, que los han utilizado en rituales de sanación y prácticas espirituales. Sin embargo, hoy enfrentan múltiples amenazas simultáneas: cambio climático, pérdida acelerada de hábitat y sobreexplotación impulsada por el auge del turismo psicodélico y la demanda internacional. Mientras la investigación médica y el mercado global se expanden, la supervivencia de estas especies se vuelve cada vez más incierta.

El estudio destaca que la mayoría de las investigaciones previas se han centrado en los usos clínicos o culturales de los psicodélicos, dejando de lado aspectos clave como su biología, diversidad genética y dinámica poblacional. Para revertir esta tendencia, los autores proponen integrar el conocimiento indígena, la investigación sociocultural y estudios ecológicos en planes de manejo sostenible.

El crecimiento del turismo psicodélico —con retiros que prometen sanación, creatividad o conexión espiritual— ha intensificado la extracción de estas especies en regiones de América Latina y África. En muchos casos, estas actividades se desarrollan sin regulaciones claras y con altos costos ambientales. La comercialización, advierten los expertos, reproduce prácticas extractivas que contradicen los principios de uso respetuoso y holístico que históricamente han guiado a las comunidades indígenas.

El análisis también cuestiona la idea extendida de que lo “natural” es siempre seguro o sostenible. Aunque muchos consumidores prefieren sustancias de origen natural, los autores señalan que existe disposición a cambiar hacia alternativas sintéticas si se demuestra el daño ambiental asociado a la extracción. Esto abre la puerta a opciones que reduzcan la presión sobre las poblaciones silvestres.

Cada una de las especies estudiadas enfrenta amenazas específicas, pero comparten problemas comunes: sobreexplotación, pérdida de hábitat y ausencia de datos actualizados. La ayahuasca muestra señales de agotamiento en varias zonas amazónicas; la iboga enfrenta un comercio internacional creciente que impulsa la recolección ilegal; el sapo del desierto sonorense sufre estrés extremo por prácticas de extracción de sus toxinas; y el peyote, de crecimiento lento, ha visto disminuir drásticamente sus poblaciones por el turismo, la agroindustria y proyectos extractivos.

Los autores proponen alternativas para disminuir el impacto ambiental, como el uso de compuestos sintéticos, especies vegetales sustitutas o técnicas de producción biotecnológica. No obstante, advierten que ninguna solución será suficiente sin una mayor conciencia entre consumidores y sin políticas de conservación que respeten los derechos culturales y territoriales de los pueblos indígenas.

En conclusión, el estudio alerta que la falta de investigación ecológica y de regulación efectiva podría agravar el riesgo de extinción de estas especies. Protegerlas requiere un enfoque integral que combine ciencia, justicia biocultural y responsabilidad ética frente a la naturaleza y a las comunidades que históricamente las han cuidado.


  • enero 07, 2026

Once relatores especiales de Naciones Unidas dieron a conocer una serie de cartas dirigidas a empresas, entidades financieras y a los gobiernos de México, Suiza y Alemania, relacionadas con un megaproyecto de amoníaco en Sinaloa. En estos documentos alertan sobre los riesgos ambientales que la planta representa para la región y sobre las afectaciones a los derechos humanos del pueblo indígena yoreme-mayo, que depende directamente de este ecosistema.

Los expertos señalan la existencia de violaciones graves y reiteradas a los derechos humanos, así como un patrón constante de violencia, hostigamiento y persecución contra personas y comunidades que se han manifestado en contra del proyecto. También advierten que la operación de la planta comprometería la biodiversidad de la zona y pondría en peligro la pesca de camarón, una actividad fundamental para la subsistencia de miles de familias en una de las regiones pesqueras más relevantes del país.

Ante este panorama, organizaciones mexicanas que acompañan al pueblo indígena afectado exigen la cancelación inmediata del proyecto.

La construcción de la planta de amoníaco en la Bahía de Ohuira, ubicada al noroeste de México, ha generado preocupación a nivel internacional. En septiembre pasado, once relatores de la ONU enviaron seis comunicaciones formales a las empresas y al banco involucrados en el megaproyecto —al que califican como una amenaza crítica—, así como a los gobiernos de los países de origen de las compañías participantes, solicitando que se atiendan las observaciones planteadas y se adopten medidas urgentes.


En dichos documentos, además de advertir sobre los impactos ambientales inminentes, los relatores subrayan la vulneración sistemática de derechos humanos, incluyendo agresiones contra defensores del territorio, criminalización de la protesta social y la falta de respeto a los derechos colectivos del pueblo indígena yoreme-mayo.

“Nos dicen que es desarrollo económico, pero no les importa el daño que han causado al tejido social de las comunidades que vivimos aquí”, afirma Claudia Susana Quintero Sandoval, defensora del territorio yoreme e integrante del movimiento “Aquí No”, una articulación de mujeres defensoras, autoridades tradicionales, pescadores, representantes ejidales, comisariados municipales y académicos que se oponen al proyecto.

Quintero también denuncia el impacto emocional que la situación ha generado en la comunidad: “Los niños nos preguntan si nos vamos a morir. ¿Cómo se le explica a un niño que su vida está en riesgo por una obra de este tipo?”.

Las cartas son resultado de una misión realizada en noviembre de 2024 por la oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. En ellas se sistematiza la información recabada sobre los efectos negativos en los derechos humanos derivados de la construcción de la planta, impulsada por Gas y Petroquímica de Occidente (GPO), filial de la empresa suiza Proman, y financiada por el banco alemán KfW IPEX-Bank, con apoyo adicional del Gobierno de Alemania.

En la comunicación dirigida al Estado mexicano, los relatores advierten que el proyecto afectaría de manera directa a pueblos indígenas, comunidades pesqueras, niñas y niños, y a la población en general, vulnerando su derecho a un medio ambiente sano, a la salud, al desarrollo y a la preservación de sus formas de vida y prácticas culturales vinculadas al territorio.

El documento también señala que la implementación del proyecto podría obstaculizar el ejercicio de libertades fundamentales, como la expresión, la reunión y la asociación, necesarias para la defensa de los derechos humanos.

Asimismo, se advierte que las emisiones generadas por la operación de la planta y por el uso de sus productos petroquímicos contribuirían al cambio climático, además de intensificar la pérdida de biodiversidad y la contaminación tóxica en la región.

Los relatores solicitaron a las partes involucradas responder en un plazo de 60 días para aclarar la información recibida por parte de las comunidades y especialistas. Hasta ahora, dichas respuestas no se han hecho públicas.

Proman GPO afirmó que ya entregó una respuesta integral a los relatores, respaldada por estudios técnicos y permisos vigentes, y aseguró que el proyecto cumple con la normativa nacional e internacional, además de respetar al medio ambiente y a las comunidades locales.

Por su parte, el banco alemán señaló que confía en que su respuesta presentada ante la Oficina del Alto Comisionado atiende de manera detallada todas las inquietudes planteadas, y evitó hacer más comentarios debido a que el proceso sigue en curso.

Un proyecto señalado como amenaza

La planta de amoníaco comenzó a construirse en 2014 sin que se realizara una consulta previa, libre e informada, como lo exige la normativa internacional, de acuerdo con las denuncias del pueblo indígena afectado. El proyecto contempla la producción diaria de 2200 toneladas de amoníaco anhidro, utilizado principalmente para la elaboración de fertilizantes.

Ante esta omisión, comunidades yoreme-mayo de varias localidades iniciaron una resistencia organizada. En abril de 2022, su presión logró que la Suprema Corte de Justicia de la Nación revocara los permisos otorgados, lo que obligó a suspender temporalmente las obras.

No obstante, la Corte ordenó llevar a cabo una consulta indígena que incluyera también a comunidades fuera del área directa de impacto. Dicho proceso se realizó a finales de ese mismo año, con resultados divididos: mientras ocho comunidades respaldaron el proyecto, las cuatro más cercanas al sitio de construcción lo rechazaron.

Pese a la oposición local, en agosto de 2024 un juez federal determinó que la consulta había sido legalmente concluida, lo que permitió a la empresa retomar las obras.

Los relatores advirtieron que esta situación podría evidenciar que el proceso no se realizó de buena fe y que aún sería necesario obtener el consentimiento previo, libre e informado de los pueblos indígenas. A inicios de 2025, el megaproyecto sigue en marcha.

Especialistas señalan que la Bahía de Ohuira es vital para al menos 4000 pescadores y sus familias, además de ser un territorio sagrado para el pueblo yoreme-mayo y un refugio de alta biodiversidad. El área es reconocida como humedal de importancia internacional (Sitio Ramsar) y forma parte de las Islas del Golfo de California, declaradas Patrimonio de la Humanidad y Reserva de la Biosfera por la UNESCO.

Los documentos de la ONU detallan que el proyecto ha implicado la destrucción de manglares y humedales, afectando diversas especies de flora y fauna. Además, advierten que la planta utilizaría grandes volúmenes de agua de mar sin sistemas de filtración adecuados, lo que podría devastar poblaciones de larvas de camarón y afectar seriamente la pesca ribereña.

También señalan que el agua devuelta a la laguna tendría mayor temperatura y salinidad, lo que dañaría peces y crustáceos y agravaría los efectos del cambio climático. A esto se suma que por cada tonelada de amoníaco producida se emitirían más de una tonelada de dióxido de carbono.

Los impactos no serían solo ambientales. Los expertos alertan que una fuga de amoníaco —una sustancia altamente tóxica— podría tener consecuencias mortales, especialmente para niñas y niños. El propio estudio de riesgo presentado por la empresa reconoce que una fuga de apenas cinco minutos podría generar una nube tóxica de hasta 45 kilómetros de diámetro, poniendo en riesgo a más de 400 000 personas y a todo el ecosistema lagunar.

Además, el análisis no contempla futuras ampliaciones del proyecto, como una segunda planta de amoníaco o una planta de metanol.

Defender la bahía, a costa de la vida

Los relatores recuerdan que las personas defensoras del territorio han sido víctimas de hostigamiento, amenazas, vigilancia, campañas de difamación, agresiones físicas e incluso intentos de desaparición. En febrero de 2024, una defensora denunció que fue interceptada y que intentaron subirla por la fuerza a un vehículo tras encabezar una protesta.

Desde 2022, varios integrantes visibles del movimiento “Aquí No” cuentan con medidas de protección federales y estatales. Sin embargo, los expertos advierten que estas no han sido suficientes para eliminar el riesgo ni el miedo en las comunidades.

“No hemos dejado de vivir con temor. Ha habido golpes, amenazas y un desgaste emocional enorme”, relata Quintero Sandoval, quien también señala que sus hijos tuvieron que alejarse por razones de seguridad.

Los relatores expresaron su preocupación por la falta de una consulta adecuada conforme a estándares internacionales y por la ausencia de medidas eficaces para prevenir violaciones a derechos humanos y daños ambientales.

“Esperamos respuestas, pero sobre todo acciones y reparación del daño”, concluye Quintero. “Hablan de bienestar, pero el bienestar de nuestras comunidades ha sido destruido”.

Organizaciones aliadas al movimiento “Aquí No”, entre ellas CEMDA y Greenpeace México, señalaron que las cartas de la ONU confirman la gravedad de la situación y exigieron que el Estado garantice la seguridad de quienes defienden su territorio y cancele el proyecto.

Finalmente, instaron al Gobierno de México, a la Semarnat y al Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas a responder públicamente a las observaciones de los relatores y a utilizar sus facultades para frenar definitivamente la planta de amoníaco en la Bahía de Ohuira.


No solo leas, venos en Youtube.com/renovable