El creciente interés global por los psicodélicos con fines terapéuticos, espirituales y de bienestar está generando una presión cada vez mayor sobre las plantas y animales de los que se obtienen estas sustancias. Así lo advierte un estudio reciente publicado en Frontiers in Conservation Science, que analiza los riesgos de conservación que enfrentan el peyote, la ayahuasca, la iboga y el sapo del desierto sonorense.
La investigación subraya una preocupante falta de información científica sobre la ecología, distribución y tamaño poblacional de estas especies, lo que dificulta diseñar estrategias de conservación basadas en evidencia. Ante este vacío, los especialistas plantean como prioridad la creación de programas de monitoreo a largo plazo que permitan evaluar el estado real de las poblaciones y, a partir de ello, definir medidas como protección legal, restauración ecológica o repoblación, siguiendo criterios de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
Durante siglos, estas plantas y animales han sido fundamentales para los pueblos indígenas, que los han utilizado en rituales de sanación y prácticas espirituales. Sin embargo, hoy enfrentan múltiples amenazas simultáneas: cambio climático, pérdida acelerada de hábitat y sobreexplotación impulsada por el auge del turismo psicodélico y la demanda internacional. Mientras la investigación médica y el mercado global se expanden, la supervivencia de estas especies se vuelve cada vez más incierta.
El estudio destaca que la mayoría de las investigaciones previas se han centrado en los usos clínicos o culturales de los psicodélicos, dejando de lado aspectos clave como su biología, diversidad genética y dinámica poblacional. Para revertir esta tendencia, los autores proponen integrar el conocimiento indígena, la investigación sociocultural y estudios ecológicos en planes de manejo sostenible.
El crecimiento del turismo psicodélico —con retiros que prometen sanación, creatividad o conexión espiritual— ha intensificado la extracción de estas especies en regiones de América Latina y África. En muchos casos, estas actividades se desarrollan sin regulaciones claras y con altos costos ambientales. La comercialización, advierten los expertos, reproduce prácticas extractivas que contradicen los principios de uso respetuoso y holístico que históricamente han guiado a las comunidades indígenas.
El análisis también cuestiona la idea extendida de que lo “natural” es siempre seguro o sostenible. Aunque muchos consumidores prefieren sustancias de origen natural, los autores señalan que existe disposición a cambiar hacia alternativas sintéticas si se demuestra el daño ambiental asociado a la extracción. Esto abre la puerta a opciones que reduzcan la presión sobre las poblaciones silvestres.
Cada una de las especies estudiadas enfrenta amenazas específicas, pero comparten problemas comunes: sobreexplotación, pérdida de hábitat y ausencia de datos actualizados. La ayahuasca muestra señales de agotamiento en varias zonas amazónicas; la iboga enfrenta un comercio internacional creciente que impulsa la recolección ilegal; el sapo del desierto sonorense sufre estrés extremo por prácticas de extracción de sus toxinas; y el peyote, de crecimiento lento, ha visto disminuir drásticamente sus poblaciones por el turismo, la agroindustria y proyectos extractivos.
Los autores proponen alternativas para disminuir el impacto ambiental, como el uso de compuestos sintéticos, especies vegetales sustitutas o técnicas de producción biotecnológica. No obstante, advierten que ninguna solución será suficiente sin una mayor conciencia entre consumidores y sin políticas de conservación que respeten los derechos culturales y territoriales de los pueblos indígenas.
En conclusión, el estudio alerta que la falta de investigación ecológica y de regulación efectiva podría agravar el riesgo de extinción de estas especies. Protegerlas requiere un enfoque integral que combine ciencia, justicia biocultural y responsabilidad ética frente a la naturaleza y a las comunidades que históricamente las han cuidado.
