El acceso a la electricidad continúa expandiéndose a nivel mundial, pero el avance no es suficiente para cumplir los objetivos internacionales. Al cierre de 2025, cerca del 92% de la población del planeta contaba con suministro eléctrico, una mejora significativa respecto a una década atrás. Sin embargo, el ritmo de expansión se desaceleró tras la pandemia y pone en duda la meta de lograr acceso universal en 2030.
Aunque millones de personas se conectan cada año a la red, el progreso actual no alcanza para cerrar la brecha. Si la tendencia no cambia, amplios sectores de la población seguirán dependiendo de fuentes de energía contaminantes, con consecuencias directas sobre la salud, el ambiente y el desarrollo económico.
Millones de personas siguen sin electricidad
A pesar de los avances, más de 660 millones de personas en el mundo todavía viven sin acceso a la electricidad. La mayoría se encuentra en comunidades empobrecidas, rurales o aisladas, donde la infraestructura básica es limitada o inexistente.
El mayor déficit se concentra en África subsahariana, que reúne alrededor del 85% de la población mundial sin electricidad. En esta región, la falta de energía afecta de forma directa servicios esenciales como hospitales, escuelas y sistemas de saneamiento, además de aumentar la presión sobre los ecosistemas locales.
Factores como la inestabilidad económica, los conflictos armados y la reducción del financiamiento internacional han dificultado la expansión de redes eléctricas, ralentizando aún más el progreso.
Avances desiguales entre regiones
Asia ha protagonizado algunos de los mayores avances en electrificación. Países como India e Indonesia lograron ampliar de forma notable el acceso en los últimos años. Sin embargo, otras naciones del continente mantienen un crecimiento muy limitado.
Estados como Pakistán, Afganistán, Myanmar y Mongolia concentran gran parte de la población asiática sin electricidad. Desde 2021, el ritmo de nuevas conexiones en estos países ha sido mínimo, lo que mantiene a millones de personas dependiendo de combustibles fósiles para cocinar y calentarse.
En África comienzan a observarse señales de mejora gracias a la expansión de la energía solar y a nuevas políticas públicas, aunque los avances siguen por debajo de los niveles registrados antes de la crisis sanitaria global.
América Latina: alta cobertura, retos persistentes
En América Latina, el acceso a la electricidad alcanza aproximadamente al 98% de la población. No obstante, los últimos segmentos sin servicio se concentran en zonas remotas y de difícil acceso.
Regiones como el altiplano andino y la Amazonía enfrentan obstáculos técnicos, económicos y ambientales para extender redes convencionales. En estos territorios, cerrar la brecha podría tomar más de una década si no se aceleran soluciones descentralizadas y sostenibles.
Haití representa el caso más crítico de la región, con cerca de la mitad de su población sin suministro eléctrico, una situación que agrava la pobreza y la vulnerabilidad ambiental.
Países con cobertura total y modelos energéticos sostenibles
Las naciones con mayor acceso a la electricidad se concentran principalmente en Europa occidental, donde redes consolidadas y políticas energéticas estables garantizan un suministro casi universal. En muchos de estos países, además, las energías renovables ganan cada vez más protagonismo.
Los países nórdicos destacan por su apuesta por fuentes limpias como la energía hidroeléctrica, eólica y la biomasa, reduciendo emisiones y protegiendo sus ecosistemas. En Asia, Japón y Corea del Sur combinan tecnología avanzada con redes eficientes, mientras que América del Norte mantiene altos niveles de acceso mediante sistemas diversificados.
En conjunto, estos modelos muestran que avanzar hacia la electrificación universal es posible sin renunciar a la sostenibilidad ambiental.
