La administración de Donald Trump ha dado un nuevo paso en su distanciamiento de la cooperación internacional contra el cambio climático. Apenas iniciado su segundo mandato, el presidente de Estados Unidos no solo volvió a retirar al país del Acuerdo de París, sino que ahora ha ordenado abandonar dos de los principales pilares del sistema climático global: la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).
La decisión supone una ruptura total con los mecanismos multilaterales diseñados para coordinar la respuesta internacional al calentamiento global. Se trata de un movimiento especialmente significativo si se considera que Estados Unidos es el país que más emisiones de gases de efecto invernadero ha generado históricamente y uno de los mayores emisores en la actualidad. Aunque la postura del mandatario no resulta inesperada, sus consecuencias políticas, económicas y ambientales son de gran calado.
La Convención Marco de la ONU: el eje de la diplomacia climática
La CMNUCC nació en 1992 durante la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro y marcó el primer gran acuerdo internacional para hacer frente al cambio climático. Desde entonces, ha servido como marco legal y político para tratados posteriores, como el Protocolo de Kioto y el Acuerdo de París. Con la adhesión de casi todos los países del mundo, este organismo es el espacio central donde se negocian compromisos, se revisan avances y se celebran las cumbres climáticas anuales.
Tras la salida estadounidense del Acuerdo de París, quedaba abierta la incógnita sobre si Washington seguiría participando en las negociaciones multilaterales. La retirada de la Convención despeja cualquier duda: Estados Unidos abandona tanto los compromisos como el proceso de diálogo internacional.
El IPCC: la referencia científica global
El IPCC, creado en 1988 por Naciones Unidas, es el principal organismo internacional encargado de evaluar el conocimiento científico sobre el cambio climático. No produce investigaciones propias, sino que coordina a miles de expertos de todo el mundo para revisar la literatura existente y elaborar informes consensuados que sirven de base para la toma de decisiones políticas.
Sus evaluaciones periódicas, publicadas cada varios años, se consideran la referencia más sólida sobre el estado del clima, sus impactos y las posibles vías de mitigación y adaptación. Al retirarse de este organismo, la administración Trump no solo se aparta de los consensos políticos, sino que también se distancia del proceso científico que sustenta la acción climática global.
Un golpe al multilateralismo climático
La salida de estos organismos se produce en un contexto en el que la Casa Blanca ha reforzado su apoyo a la industria de los combustibles fósiles, incluso utilizando herramientas comerciales y geopolíticas para promover su consumo. Frente a los esfuerzos internacionales por reducir el uso de carbón, petróleo y gas, la estrategia estadounidense prioriza la expansión de estos sectores.
Al desvincularse de la CMNUCC y del IPCC, Estados Unidos deja de participar en las negociaciones, renuncia a influir en las reglas del sistema climático internacional y previsiblemente suspende su contribución financiera. Para numerosos actores internacionales, la decisión supone un debilitamiento del liderazgo global en un momento crítico.
Desde la Unión Europea, el comisario de Acción Climática, Wopke Hoekstra, calificó la retirada como una decisión “lamentable”, subrayando que la Convención es el pilar que sostiene la cooperación internacional para reducir emisiones y adaptarse al cambio climático. En una línea similar, la vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea, Teresa Ribera, denunció que la actual administración estadounidense ignora los impactos ambientales, sociales y humanos de la crisis climática.
Consecuencias también para Estados Unidos
Más allá del impacto global, expertos advierten de que la retirada puede perjudicar directamente a los intereses estadounidenses. David Widawsky, director del Instituto de Recursos Mundiales (WRI) en Estados Unidos, considera que abandonar la Convención climática supone “un error estratégico” que margina al país de un sistema vigente desde hace tres décadas y cede influencia internacional sin obtener beneficios a cambio.
El secretario ejecutivo de la CMNUCC, Simon Stiell, fue aún más contundente al describir la decisión como un “autogol colosal”. En su opinión, el aislamiento climático dejará a Estados Unidos en una posición más vulnerable frente a fenómenos extremos cada vez más frecuentes, como incendios forestales, inundaciones y sequías, al tiempo que debilita su competitividad económica.
Según Widawsky, el repliegue estadounidense puede traducirse en una pérdida de oportunidades en sectores clave del futuro energético. Mientras otras economías apuestan por las energías limpias y generan empleo e inversión, las comunidades y empresas de Estados Unidos corren el riesgo de quedarse rezagadas en una transición que avanza, incluso sin el respaldo de Washington.
