En el corazón de África, los parques nacionales Odzala-Kokoua y Nouabalé-Ndoki resguardan algunos de los ecosistemas más preservados de la Tierra, territorios donde la selva mantiene dinámicas ecológicas prácticamente intactas desde hace milenios.
Durante mucho tiempo, el Congo fue retratado a través del mito y la literatura. Obras como El corazón de las tinieblas consolidaron una imagen simbólica asociada a la oscuridad, aunque esa narrativa hablaba más de la violencia del periodo colonial que de la verdadera naturaleza del territorio. Hoy, recorrer la cuenca del Congo permite observar un sistema ecológico extraordinariamente complejo, donde la vida se organiza en múltiples niveles y equilibrios naturales que apenas han sido alterados.
El acceso a estas regiones comienza generalmente en Brazzaville, desde donde pequeñas aeronaves conectan con áreas remotas dominadas por extensiones continuas de selva primaria. Desde el aire, el paisaje revela ríos entrelazados, zonas inundables y extensiones de bosque intacto que explican por qué este territorio desafió durante siglos a los exploradores: su geografía irregular y densa dificulta cualquier intento de trazar rutas directas o permanentes.
Uno de los principales bastiones de conservación es el Parque Nacional Odzala-Kokoua, donde la presencia humana es mínima y el desplazamiento se realiza principalmente a pie. Allí se encuentra el campamento de investigación Ngaga, fundado por la primatóloga española Magdalena Bermejo, cuyo trabajo permitió habituar de forma respetuosa a los gorilas de llanura baja occidentales, facilitando su estudio sin alterar su comportamiento natural.
Estos gorilas, cuya existencia científica fue documentada formalmente en el siglo XIX, viven en grupos familiares liderados por un macho dominante. Su comportamiento social se basa en interacciones sutiles, vocalizaciones suaves y una organización estable que garantiza la cohesión del grupo. A diferencia de los gorilas de montaña, pasan gran parte del tiempo en los árboles, adaptándose a una dieta basada en frutos y brotes disponibles en niveles superiores del bosque.
El ecosistema de Odzala también depende de especies clave como los elefantes de bosque, considerados ingenieros ecológicos por su papel en la apertura de claros, la dispersión de semillas y la regeneración de la vegetación. Junto a ellos conviven búfalos de bosque, bongos, pangolines, sitatungas y una notable diversidad de primates que convierte a la región en uno de los reservorios de biodiversidad más importantes del planeta.
Más al norte, el Parque Nacional Nouabalé-Ndoki representa uno de los territorios más aislados de África central. Con acceso restringido y escasa presencia turística, la investigación científica constituye su principal actividad humana. Campamentos como Mondika han permitido estudiar durante décadas a gorilas y chimpancés, generando información clave sobre su comportamiento y conservación.
Caminar por estos bosques implica adentrarse en paisajes dominados por árboles monumentales, ríos oscuros y una selva que conserva su carácter primigenio. Más que un destino de aventura, la cuenca del Congo es hoy un recordatorio de la magnitud y fragilidad de los ecosistemas que aún permanecen intactos en el planeta.



