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jueves, 12 de febrero de 2026

  • febrero 12, 2026

En el corazón de África, los parques nacionales Odzala-Kokoua y Nouabalé-Ndoki resguardan algunos de los ecosistemas más preservados de la Tierra, territorios donde la selva mantiene dinámicas ecológicas prácticamente intactas desde hace milenios.

Durante mucho tiempo, el Congo fue retratado a través del mito y la literatura. Obras como El corazón de las tinieblas consolidaron una imagen simbólica asociada a la oscuridad, aunque esa narrativa hablaba más de la violencia del periodo colonial que de la verdadera naturaleza del territorio. Hoy, recorrer la cuenca del Congo permite observar un sistema ecológico extraordinariamente complejo, donde la vida se organiza en múltiples niveles y equilibrios naturales que apenas han sido alterados.

El acceso a estas regiones comienza generalmente en Brazzaville, desde donde pequeñas aeronaves conectan con áreas remotas dominadas por extensiones continuas de selva primaria. Desde el aire, el paisaje revela ríos entrelazados, zonas inundables y extensiones de bosque intacto que explican por qué este territorio desafió durante siglos a los exploradores: su geografía irregular y densa dificulta cualquier intento de trazar rutas directas o permanentes.

Uno de los principales bastiones de conservación es el Parque Nacional Odzala-Kokoua, donde la presencia humana es mínima y el desplazamiento se realiza principalmente a pie. Allí se encuentra el campamento de investigación Ngaga, fundado por la primatóloga española Magdalena Bermejo, cuyo trabajo permitió habituar de forma respetuosa a los gorilas de llanura baja occidentales, facilitando su estudio sin alterar su comportamiento natural.

Estos gorilas, cuya existencia científica fue documentada formalmente en el siglo XIX, viven en grupos familiares liderados por un macho dominante. Su comportamiento social se basa en interacciones sutiles, vocalizaciones suaves y una organización estable que garantiza la cohesión del grupo. A diferencia de los gorilas de montaña, pasan gran parte del tiempo en los árboles, adaptándose a una dieta basada en frutos y brotes disponibles en niveles superiores del bosque.

El ecosistema de Odzala también depende de especies clave como los elefantes de bosque, considerados ingenieros ecológicos por su papel en la apertura de claros, la dispersión de semillas y la regeneración de la vegetación. Junto a ellos conviven búfalos de bosque, bongos, pangolines, sitatungas y una notable diversidad de primates que convierte a la región en uno de los reservorios de biodiversidad más importantes del planeta.

Más al norte, el Parque Nacional Nouabalé-Ndoki representa uno de los territorios más aislados de África central. Con acceso restringido y escasa presencia turística, la investigación científica constituye su principal actividad humana. Campamentos como Mondika han permitido estudiar durante décadas a gorilas y chimpancés, generando información clave sobre su comportamiento y conservación.

Caminar por estos bosques implica adentrarse en paisajes dominados por árboles monumentales, ríos oscuros y una selva que conserva su carácter primigenio. Más que un destino de aventura, la cuenca del Congo es hoy un recordatorio de la magnitud y fragilidad de los ecosistemas que aún permanecen intactos en el planeta.

  • febrero 12, 2026

 

Durante el VII Congreso Internacional de la Sociedad Dominicana de Física (Sodofi), especialistas analizaron el potencial del sargazo y otras macroalgas como materia prima para producir biodiésel, alcohol, biogás y diversos derivados industriales, con el objetivo de reducir los impactos que su acumulación genera en el turismo, la pesca y las comunidades costeras.

En su ponencia “Nanomateriales inspirados en la naturaleza: transformando macroalgas en soluciones sostenibles para desafíos energéticos y ambientales”, la investigadora Liz Díaz Vásquez, de la Universidad de Puerto Rico, destacó que el aprovechamiento del sargazo puede integrarse a estrategias de economía circular, convirtiendo un problema ecológico en una alternativa energética y productiva.

La proliferación de estas algas, asociada al cambio climático y la contaminación, provoca efectos ambientales como las llamadas “mareas marrones”, que disminuyen el oxígeno y la luz en el mar, afectando arrecifes y pastos marinos. También genera riesgos sanitarios por la liberación de gases como ácido sulfhídrico, metano y amoníaco, además de impactos económicos derivados de la reducción del turismo en playas del Caribe. A esto se suma la presencia de metales pesados y microplásticos acumulados en el sargazo.

Investigadores proponen múltiples aplicaciones para convertir esta biomasa en recurso útil: elaboración de compost y biofertilizantes, fabricación de ladrillos y paneles de construcción, producción de biocombustibles mediante fermentación o pirólisis, desarrollo de cosméticos y productos farmacéuticos, creación de bioplásticos y materiales biodegradables, e incluso el uso de algas como biofiltros capaces de eliminar metales pesados y contaminantes del agua.

No obstante, la recolección y transporte del sargazo desde el mar continúan siendo costosos y técnicamente complejos, lo que limita su aprovechamiento a gran escala y obliga a desarrollar infraestructura y tecnologías adaptadas a las condiciones locales.

Además de los estudios sobre macroalgas, el congreso presentó investigaciones en nanociencias, energía, física médica y astronomía. Entre ellas destacó el trabajo del profesor Fabrice Piazza sobre procesos de hidrogenación de grafeno para mejorar componentes electrónicos de alta potencia, relevantes para el desarrollo de microchips, inteligencia artificial y tecnologías energéticas.

Aunque la llegada masiva de sargazo representa una crisis ambiental, económica y sanitaria para el Caribe, científicos consideran que su aprovechamiento industrial podría abrir nuevas oportunidades tecnológicas y fortalecer la resiliencia de las comunidades costeras mediante modelos de producción sostenibles.

  • febrero 12, 2026

El uso cotidiano de internet tiene un costo ecológico mucho mayor de lo que la mayoría de las personas imagina. Investigadores climáticos de la Universidad de Exeter desarrollaron una herramienta que permite calcular la huella ambiental de los sitios web y revelaron que la actividad digital global genera alrededor del 3,7% de las emisiones mundiales de carbono, una proporción que supera incluso a la industria de la aviación. Con ese nivel de emisiones, el ecosistema digital equivaldría al cuarto país más contaminante del mundo.

La plataforma, denominada Digital Impact for Species, permite analizar cualquier página web introduciendo su dirección electrónica. El sistema asigna una calificación ambiental —de A+ a F— y muestra indicadores detallados de emisiones de CO₂, consumo energético y uso de agua asociados a cada visita. Los especialistas subrayan que, aunque navegar en línea parece una actividad intangible, cada búsqueda, reproducción de video o carga de página implica energía utilizada en centros de datos, redes de transmisión y sistemas de enfriamiento de servidores.

Un ejemplo ilustrativo es YouTube, que recibió una calificación intermedia en la evaluación. Cada visita a una de sus páginas genera fracciones de gramo de CO₂, demanda energía eléctrica y requiere pequeñas cantidades de agua para la refrigeración de la infraestructura digital. Cuando se multiplican estos valores por millones de usuarios diarios, el impacto acumulado se vuelve considerable.

El modelo de medición combina datos del tamaño de las páginas, la eficiencia de los servidores y el tipo de energía que utilizan los centros de datos —renovable o basada en combustibles fósiles— para estimar la huella ambiental total. Además, los resultados se traducen en comparaciones con procesos naturales, lo que facilita comprender la magnitud de las emisiones.

Los investigadores destacan que la mayor responsabilidad recae en empresas tecnológicas y proveedores de alojamiento web, quienes pueden reducir significativamente la huella digital mediante servidores alimentados con energías renovables, optimización de código y reducción del peso de las páginas. Entre las recomendaciones técnicas figuran limitar imágenes y tipografías innecesarias, evitar videos cuando no sean esenciales y simplificar el diseño de los sitios.

El objetivo de la herramienta no es señalar a plataformas específicas, sino visibilizar el impacto ambiental oculto de la vida digital y promover el desarrollo de una internet más eficiente y sostenible, capaz de reducir su creciente contribución al cambio climático.

  • febrero 12, 2026


Las condiciones de sequía en México registraron una mejora significativa al inicio de 2026. De acuerdo con el Monitor de Sequía elaborado por la Comisión Nacional del Agua (Conagua), actualmente solo el 7% del territorio nacional presenta algún nivel de escasez hídrica, tras las intensas lluvias registradas en los últimos meses y el incremento en el almacenamiento de presas estratégicas.

El informe señala que más de dos mil municipios dejaron de reportar estrés hídrico desde mediados de enero, mientras que al menos 13 estados lograron superar las fases más críticas de sequía que afectaron al país en años recientes. La recuperación del Sistema Cutzamala —clave para el abastecimiento del Valle de México—, que alcanzó cerca del 97% de su capacidad, ha sido uno de los factores determinantes en esta mejora.

El Monitor de Sequía clasifica periódicamente las condiciones del país considerando variables como la precipitación acumulada, el escurrimiento de ríos y el nivel de almacenamiento en presas. Estos datos permiten evaluar la disponibilidad de agua y orientar decisiones de gestión hídrica a nivel nacional y regional.

El panorama actual contrasta con la crisis registrada entre 2021 y 2025, cuando extensas regiones enfrentaron pérdidas agrícolas, mortandad de ganado, presas en niveles críticos y riesgos de desabasto en diversas ciudades. Durante ese periodo también se incrementaron los incendios forestales y los costos de producción en el sector agropecuario.

Hacia finales de 2025, el almacenamiento nacional de agua alcanzó aproximadamente el 72%, mientras que más de 80 presas reportaron niveles cercanos al 100% de su capacidad operativa. En el norte del país, particularmente, las lluvias intensas permitieron la recuperación de acuíferos y mejoraron la disponibilidad de agua potable en varias entidades.

No obstante, especialistas advierten que la mejora no elimina el riesgo estructural asociado a la variabilidad climática. Señalan que la sequía seguirá siendo un fenómeno recurrente, por lo que será necesario fortalecer las estrategias de uso eficiente del agua, impulsar tecnologías de riego sustentable, ampliar la reutilización de aguas tratadas y mantener sistemas de monitoreo permanente.

La reducción de la sequía a niveles mínimos representa un avance importante tras varios años de crisis hídrica, pero el desafío de largo plazo continúa siendo la gestión sostenible del recurso en un contexto de cambio climático y crecimiento de la demanda.

  • febrero 12, 2026

 

Un reciente estudio científico identificó grupos específicos de murciélagos que concentran el mayor potencial de originar futuras epidemias, destacando que el riesgo no está distribuido de forma uniforme entre todas las especies. La investigación, publicada en Communications Biology y liderada por la científica Caroline A. Cummings, analizó cerca de 900 especies de mamíferos y más de cien virus conocidos para determinar patrones evolutivos asociados al riesgo sanitario.

Los resultados muestran que el orden completo de los murciélagos no representa, en conjunto, una amenaza elevada. Sin embargo, ciertas familias presentan una mayor probabilidad de albergar virus capaces de transmitirse con facilidad a los humanos, causar enfermedades graves y generar brotes con alta mortalidad. Entre los grupos que concentran este mayor potencial destacan los murciélagos de herradura (Rhinolophidae), varias especies insectívoras de la familia Vespertilionidae, así como integrantes de las familias Molossidae y Emballonuridae.

Muchas de estas especies habitan regiones cercanas a asentamientos humanos, lo que incrementa las oportunidades de contacto entre personas y fauna silvestre, elevando el riesgo de transmisión viral. No obstante, los investigadores subrayan que el hallazgo no implica una amenaza inmediata, sino que permite orientar de manera más precisa los sistemas de vigilancia epidemiológica hacia especies y regiones prioritarias.

El análisis también reveló que el riesgo aumenta en zonas donde coinciden estas especies con áreas altamente transformadas por la actividad humana. Regiones de Centroamérica, partes de la costa sudamericana, zonas de África ecuatorial y el sudeste asiático aparecen entre los territorios donde la interacción entre humanos y murciélagos podría facilitar la aparición de nuevos patógenos.

Los científicos enfatizan que la estrategia más efectiva no consiste en eliminar colonias de murciélagos —medida que puede incluso aumentar la circulación de virus al alterar sus refugios—, sino en proteger los ecosistemas, reducir la presión humana sobre los hábitats naturales y fortalecer la vigilancia sanitaria focalizada. Además, recuerdan que estos animales cumplen funciones ecológicas esenciales, como el control de insectos y la polinización, por lo que su conservación sigue siendo clave para el equilibrio ambiental.

Comprender qué especies presentan mayor potencial epidémico permite anticipar riesgos y diseñar políticas preventivas más eficientes, evitando alarmas generalizadas y enfocando los esfuerzos en la interacción entre la actividad humana y la biodiversidad.

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