El aumento de las olas de calor asociado al cambio climático no solo representa un problema ambiental, sino también una creciente amenaza para la salud cerebral. Las temperaturas extremas sostenidas afectan múltiples funciones del organismo y elevan el riesgo de trastornos neurológicos, deterioro cognitivo y crisis mentales, incluso en personas previamente sanas.
Un órgano especialmente sensible al calor
Investigaciones recientes advierten que el cerebro es particularmente vulnerable a los incrementos de temperatura corporal debido a su alto consumo energético y su delicado equilibrio térmico. La exposición prolongada al calor puede provocar deshidratación, agotamiento y golpes de calor que alteran procesos neurológicos esenciales, afectando la memoria, la concentración y la capacidad de respuesta.
En escenarios de calor extremo también se han observado mayores episodios de confusión, pérdida de memoria y alteraciones cognitivas temporales, señales que reflejan el impacto directo de la temperatura sobre el funcionamiento neuronal.
Mayor riesgo para enfermedades neurológicas
Las olas de calor agravan diversas condiciones médicas preexistentes. Personas con epilepsia pueden experimentar un incremento en la frecuencia de convulsiones, mientras que quienes viven con esclerosis múltiple suelen presentar mayor fatiga y deterioro cognitivo. Asimismo, las migrañas tienden a intensificarse y aumenta el riesgo de complicaciones asociadas a accidentes cerebrovasculares.
Incluso en la población general, el calor extremo reduce la capacidad de atención, altera la toma de decisiones y puede favorecer conductas impulsivas, debido a la sensibilidad de las neuronas a pequeñas variaciones de temperatura.
Adultos mayores y poblaciones vulnerables
Los adultos mayores constituyen uno de los grupos más expuestos, ya que el calor prolongado puede afectar regiones cerebrales vinculadas con la memoria y el aprendizaje, como el hipocampo. Además, ciertos medicamentos psiquiátricos o neurológicos interfieren con la regulación térmica del cuerpo, aumentando el riesgo de hipertermia y complicaciones severas.
Datos recientes del Centro Climático de la Cruz Roja y la Media Luna Roja indican que el calor extremo afectó en 2024 a miles de millones de personas en todo el mundo, lo que refleja la magnitud del problema sanitario emergente.
Consecuencias sociales y desafíos sanitarios
El impacto de las altas temperaturas también se refleja en el aumento de hospitalizaciones psiquiátricas, crisis epilépticas y episodios de deterioro cognitivo agudo. Diversos estudios han detectado incrementos en las tasas de suicidio durante periodos prolongados de calor, lo que evidencia la relación entre clima extremo y salud mental.
A pesar de estos riesgos, muchos planes de prevención climática aún no incorporan plenamente la dimensión neurológica y psicológica del problema, lo que limita la preparación de los sistemas de salud frente a futuras emergencias térmicas.
Preparación ante un escenario climático más extremo
Especialistas recomiendan fortalecer campañas de prevención, crear refugios climáticos para poblaciones vulnerables y reforzar el seguimiento médico de personas con trastornos neurológicos o psiquiátricos durante episodios de calor intenso.
En un mundo donde las temperaturas récord serán cada vez más frecuentes, comprender la relación entre calor extremo y salud cerebral resulta clave para diseñar estrategias de adaptación que protejan no solo el cuerpo, sino también la estabilidad cognitiva y emocional de millones de personas.




