El cambio climático ya no es solo un desafío ambiental, sino una amenaza directa para la salud pública. La Organización Mundial de la Salud advierte que entre el 20% y el 30% de la carga global de enfermedad está vinculada a factores ambientales, y en México el panorama es especialmente preocupante: alrededor del 80% de la población se encuentra expuesta a riesgos sanitarios derivados de fenómenos meteorológicos extremos.
Tormentas intensas, olas de calor prolongadas, inundaciones, sequías e incendios forestales están impactando tanto de manera directa como indirecta en la salud de millones de personas. Estos eventos no solo incrementan la mortalidad en situaciones críticas, sino que también agravan enfermedades crónicas y favorecen la propagación de padecimientos infecciosos sensibles al clima, como dengue y malaria.
Además, el deterioro ambiental afecta determinantes clave de la salud, como el acceso a agua potable, alimentos suficientes, aire limpio y vivienda segura. La contaminación atmosférica, los agroquímicos y los contaminantes en cuerpos de agua son factores que amplifican estos riesgos.
El sistema sanitario también enfrenta presiones crecientes. Hospitales y centros de salud pueden sufrir daños por fenómenos extremos, mientras que la demanda de atención médica aumenta durante crisis climáticas, superando en muchos casos la capacidad instalada. La falta de diagnósticos integrales y planificación preventiva agrava la vulnerabilidad del sector.
En México, aún no existe una evaluación nacional completa sobre el impacto del cambio climático en la salud, lo que dificulta dimensionar con precisión sus efectos. Sin embargo, estimaciones oficiales señalan que hasta el 35% de las enfermedades podrían estar relacionadas directamente con exposiciones ambientales.
La OMS advierte que retrasar la acción climática compromete avances en salud pública y pone en riesgo el derecho a la salud. Frente a este escenario, expertos subrayan la necesidad de fortalecer la infraestructura sanitaria, integrar la variable climática en las políticas públicas y adoptar medidas preventivas urgentes.
El cambio climático en México representa una crisis sanitaria en evolución, cuya magnitud exige respuestas inmediatas y estructurales para proteger a millones de personas.




