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martes, 15 de agosto de 2023

  • agosto 15, 2023


La ola de calor bajo las aguas marinas que está generando inquietud entre los científicos ha estado causando efectos notables. Junio y los primeros días de julio han marcado un récord como los periodos más calurosos jamás registrados, según datos de la Organización Meteorológica Mundial. Las regiones del sur de Estados Unidos y el sur de Europa han experimentado temperaturas abrasadoras, advertencias constantes de calor, incendios forestales y una notable disminución en la calidad del aire.

Los récords no se han limitado solo a las temperaturas terrestres, sino que también han impactado las temperaturas del agua. Informes del Servicio de Cambio Climático de Copernicus señalan que las temperaturas globales en la superficie de los océanos fueron más elevadas en comparación con cualquier otro mes de junio en los registros, destacando lecturas satelitales particularmente altas en el Atlántico Norte. Además, la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) estableció un nuevo récord el mes pasado al registrar la mayor discrepancia entre las temperaturas esperadas y las reales.


En este contexto, las aguas alrededor de Florida, en particular, han experimentado temperaturas excepcionalmente altas. Los científicos también han estado vigilando de cerca una ola de calor marina considerable en la costa oeste de Estados Unidos y Canadá, que se formó en mayo. Aunque esta ola de calor ha experimentado una disminución en su intensidad en el noreste del Atlántico, según Mercator Ocean International, una organización científica sin fines de lucro, otra ola de calor en el Mediterráneo Occidental está mostrando signos de intensificación, especialmente en las áreas cercanas al Estrecho de Gibraltar.


Se han observado condiciones marinas de temperatura extrema en diversas partes del mundo, incluyendo alrededor de Irlanda, el Reino Unido, el Mar Báltico, así como en áreas cercanas a Nueva Zelanda y Australia. Además, los científicos están investigando la posibilidad de una ola de calor al sur de Groenlandia, en el Mar de Labrador.


Karina von Schuckmann, oceanógrafa de Mercator Ocean, señala que se están produciendo enormes olas de calor marinas en distintas partes del océano de manera inesperada, tanto en términos de tiempo como de intensidad, abarcando áreas extensas.


Aunque los científicos esperan variaciones significativas de temperatura en el Océano Pacífico asociadas al patrón climático de El Niño, Carlo Buontempo, director del Servicio de Cambio Climático Copernicus de la Unión Europea, enfatiza que lo que está ocurriendo actualmente en el Atlántico Norte es algo "sin precedentes". Mientras que los cambios a corto plazo en los patrones de circulación océanica y atmosférica pueden propiciar episodios de calor marino intenso durante semanas, meses o incluso años, el aumento sostenido en las temperaturas del océano debido a la emisión de gases de efecto invernadero es un factor fundamental en la ocurrencia de estas recientes olas de calor.


Alrededor del 90% del exceso de calor generado por la actividad humana relacionada con el cambio climático se ha absorbido en los océanos, y durante las últimas dos décadas, la velocidad de acumulación de calor en el sistema climático terrestre se ha duplicado.


Un informe publicado en 2021 por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) señaló que las olas de calor marinas han aumentado su frecuencia en un 100% entre 1982 y 2016, además de volverse más intensas y prolongadas desde la década de 1980.


Otro posible contribuyente es la cantidad de aerosoles presentes en la atmósfera, los cuales tienen un suave efecto de enfriamiento. Sin embargo, esta influencia parece haber disminuido debido a los esfuerzos por reducir la contaminación en la industria naviera. También se ha observado una disminución inusual en la presencia de polvo del Sahara en la atmósfera, que normalmente genera efectos de enfriamiento.


Las olas de calor marinas actuales podrían incluso intensificarse aún más. Aunque los expertos no creen que El Niño sea en sí el impulsor del fenómeno en el Atlántico Norte, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) anticipa que El Niño podría contribuir al calentamiento general de los océanos.


Los especialistas están preocupados por el impacto potencial de las olas de calor marinas en la vida marina, la industria pesquera y los patrones climáticos en general.


Los registros de temperaturas extremadamente altas en la costa occidental de Australia durante el verano de 2010/2011 causaron una significativa mortalidad de peces y ocasionaron la destrucción de bosques de algas marinas, alterando fundamentalmente el ecosistema costero.


En años posteriores, una ola de calor marina sin precedentes, derivada del cambio climático y agravada por un poderoso evento de El Niño, provocó el peor blanqueamiento de corales jamás registrado en la Gran Barrera de Coral en 2016. Estas olas de calor marinas tienen la capacidad de desencadenar eventos de blanqueamiento de corales, aumentando la tensión en los ecosistemas de arrecifes en todo el mundo.


Las altas temperaturas pueden llevar a que los pólipos de coral expulsen las zooxantelas que habitan en sus tejidos, causando que se vuelvan blancos y más susceptibles a enfermedades y otras amenazas.


En el Mar Mediterráneo, temperaturas inusualmente elevadas entre 2015 y 2019 dieron lugar a eventos repetidos de mortalidad masiva de especies clave como corales y algas. Estas olas de calor marinas se han identificado como "factores de estrés generalizados" para los ecosistemas marinos globales.


Además, las olas de calor marinas pueden facilitar la proliferación de especies invasoras. Por ejemplo, las algas marinas japonesas se propagaron en Nueva Zelanda después de una ola de calor marina en 2017-2018 en el Mar de Tasmania, que eliminó las algas marinas nativas.


Dan Smale, ecólogo marino y miembro del Grupo de Trabajo Internacional sobre Olas de Calor Marinas, destaca que los eventos de "golpes cortos y rápidos" pueden tener un impacto devastador, especialmente en especies al límite de su tolerancia térmica. Incluso en lugares como la costa británica, donde los ecosistemas están experimentando cambios graduales, una ola de calor marina continua durante todo el verano podría resultar letal.


Sin embargo, la comprensión de los efectos de las olas de calor marinas está en proceso, y es más complicado monitorearlas en comparación con los eventos terrestres debido a la falta de registros de largo plazo y la dificultad de seguimiento. Aunque la información proporcionada por satélites desde la década de 1980 es valiosa, surgen desafíos cuando se trata de abordar estas cuestiones en mayor profundidad.


Ya se ha observado una considerable disminución en la cantidad de fitoplancton en el Atlántico Norte, la cual se atribuye a las recientes olas de calor, según Mercator Ocean.


La floración primaveral de fitoplancton es crucial, ya que aporta la mayor parte de la energía necesaria para mantener la cadena alimentaria marina en esa región y también contribuye significativamente a la absorción global de CO2 por parte de los océanos.


Además, la economía de las pesquerías locales podría verse afectada. Un ejemplo de esto ocurrió con una ola de calor en el noroeste del Atlántico en 2012, que provocó que especies que prefieren aguas cálidas migraran hacia el norte y alteraran los patrones de pesca.


El Atlántico Norte también influye en el clima extremo. Las altas temperaturas en la superficie del océano pueden dar origen a huracanes, y aún no se sabe con certeza si el fenómeno de El Niño intensificará o atenuará este efecto el próximo año. Asimismo, la temperatura cálida de las aguas en el Atlántico Norte es un factor crucial en el ciclo de sequías e inundaciones en África central.


En términos generales, los expertos consideran que la persistencia de las olas de calor marinas recientes es una señal inquietante de la evolución del cambio climático, que se suma a los fenómenos de olas de calor en tierra, el derretimiento anómalo de la capa de nieve en los Himalayas y la pérdida de hielo marino.


Karina von Schuckmann, oceanógrafa de Mercator Ocean, advierte que incluso si cesara la emisión de CO2 en la atmósfera mañana mismo, los océanos seguirían calentándose durante varios años. Esta situación preocupa desde la perspectiva de la ciencia climática, ya que sugiere que el alcance de la crisis puede ser más amplio de lo que se había anticipado.


Fuente: https://www.bbc.com/mundo/articles/cd1n2rlnd2zo

  • agosto 15, 2023


La identificación se confirmó mediante pruebas de ADN, revelando que se trata de un alpinista alemán que se extravió en 1986.

A pesar de una búsqueda y operación de rescate en ese entonces, su rastro se había perdido por completo.

Sin proporcionar el nombre del escalador, las autoridades informaron que tenía 38 años al momento de su desaparición durante una expedición.

Los glaciares alpinos son particularmente susceptibles al cambio climático.

El glaciar Theodul, al igual que otros en los Alpes, ha experimentado un marcado retroceso en los últimos años.

Se encuentra en la conocida área de esquí de Zermatt, la más alta de Europa, donde es posible practicar deportes invernales durante todo el año.


Descubrimientos sorprendentes son comunes


Hasta la década de 1980, el glaciar Theodul estaba conectado con su vecino, el glaciar Gorner, pero en la actualidad ambos se han separado.

Casi cada verano, el hielo derretido revela algún objeto o persona perdidos durante décadas. En 2022, los restos de un avión accidentado en 1968 emergieron del glaciar Aletsch.

En 2014, se encontró el cuerpo del escalador británico Jonathan Conville, quien había desaparecido en 1979. Fue descubierto por un piloto de helicóptero que notó algo inusual mientras entregaba provisiones a un refugio en el Matterhorn, la montaña más emblemática de Suiza.

Un año después, se hallaron los cadáveres de dos escaladores japoneses al borde del glaciar Matterhorn. Habían desaparecido durante una tormenta de nieve en 1970.

El año anterior, el derretimiento del agua incluso alteró la frontera entre Suiza e Italia. La línea se había establecido en la divisoria de aguas, donde el agua derretida fluye hacia uno de los dos países.

El cambio en el glaciar modificó la posición de la divisoria de aguas. Como resultado, el famoso Rifugio Guide del Cervino, un refugio de montaña italiano muy concurrido por esquiadores y excursionistas, ahora se encuentra técnicamente en Suiza. Los gobiernos de ambos países llevaron a cabo negociaciones para determinar cómo ajustar la frontera.

Sin embargo, el impacto del deshielo va más allá de disputas diplomáticas o el descubrimiento de cuerpos de escaladores desaparecidos hace mucho tiempo.


Graves consecuencias


Los glaciares alpinos desempeñan un papel crucial en el entorno natural de Europa, ya que almacenan la nieve invernal que alimenta ríos importantes como el Rin y el Danubio, proporcionando agua para la agricultura y para enfriar plantas nucleares.


En el último año y en el actual, se han registrado ocasiones en las que los niveles de agua en el río Rin han sido demasiado bajos para permitir la navegación de barcazas de carga, que transportan suministros desde los Países Bajos a través de Alemania hasta Suiza.


El agua que proviene del deshielo también tiene un efecto de enfriamiento en los ríos. Sin este proceso, el agua se calienta en exceso, lo que resulta en la muerte de peces.


Hace aproximadamente un año, los expertos suizos en glaciares se sorprendieron por la notable disminución del hielo, ya que los glaciares habían perdido la mitad de su volumen desde 1931, una reducción mucho más rápida de lo que los científicos habían previsto. A este ritmo, es probable que la mayoría de los glaciares alpinos desaparezcan antes del final de este siglo.


Sin embargo, eso ocurrió el verano pasado. En 2023, Suiza experimentó uno de sus meses de junio más calurosos y secos, y las primeras tres semanas de julio fueron las más calurosas jamás registradas a nivel mundial.


Los expertos en glaciares volverán a realizar mediciones en agosto y septiembre, y temen que se observe una reducción aún más significativa en el volumen de hielo.


Fuente: https://www.bbc.com/mundo/noticias-66342215


 

  • agosto 15, 2023


 La noción del "cenit del petróleo", el momento en que alcanzamos la máxima capacidad de extracción antes de que la producción de petróleo comience a declinar de manera irreversible, ha sido objeto de especulación durante décadas. Hasta el momento, el mundo no ha llegado a este punto y su fecha de ocurrencia sigue siendo incierta.


No obstante, la Agencia Internacional de Energía (AIE), entidad que asesora a gobiernos en políticas energéticas, ha señalado la posibilidad de otro hito relacionado: el pico en la demanda global de petróleo. Ciarán Healy, analista del mercado petrolero de la AIE y coautor del informe, sostiene que "creemos que esto ocurrirá a finales de esta década, posiblemente en 2029 o 2030". Agrega que, a pesar de un crecimiento continuo aunque ralentizado durante esta década, el petróleo sigue siendo un activo crucial, pero se vislumbran puntos de inflexión.


Alcanzar el punto máximo de consumo de petróleo no basta para revertir el cambio climático, y el nivel de demanda esperado para finales de esta década aún estará muy lejos de lo necesario para mantener el aumento de la temperatura global dentro de umbrales seguros. La AIE ha subrayado previamente que, con el fin de lograr la neutralidad de carbono en el sector energético para 2050 —un paso esencial para limitar el incremento de la temperatura global a 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales—, es esencial detener inmediatamente la apertura de nuevas explotaciones de carbón, petróleo y gas.


Es crucial que la transición de los combustibles fósiles hacia fuentes de energía renovable ocurra a escala global. La AIE no es la única entidad que ha pronosticado un declive en la demanda de crudo; incluso compañías petroleras como BP comparten esta visión.


Entonces, ¿qué hay detrás de estas cifras y qué factores están limitando un descenso más pronunciado?


El nuevo límite

Hasta principios de la década de 2010, las conversaciones en torno al "cenit del petróleo" se centraban principalmente en las inquietudes acerca del momento en que se alcanzaría la capacidad máxima de producción, seguido de una disminución irreversible. Este escenario preocupaba a los expertos en energía, ya que se observaba una creciente dependencia global del petróleo, aunque las predicciones sobre una llegada inminente al nivel máximo de producción nunca llegaron a cumplirse.


Una de las razones primordiales por las cuales el mundo no ha alcanzado aún este tope en años recientes es la irrupción de fuentes de crudo no convencionales, como el petróleo de esquisto bituminoso y las arenas bituminosas, además de los hallazgos de grandes yacimientos de petróleo convencional en naciones como Guyana, Namibia y Brasil.


Krista Halttunen, investigadora de finanzas sostenibles de la Universidad de Oxford y coautora de un artículo sobre el pico del petróleo, señala que "siempre ha habido nuevos descubrimientos o tecnologías, nuevas formas de extraer petróleo", lo que explica que nunca se haya alcanzado un límite real, y la capacidad de producción ha estado en constante crecimiento desde que se comenzó a extraer petróleo.


Sin embargo, mientras las preocupaciones sobre el cambio climático han ido en aumento durante las últimas décadas, también ha habido un cambio sustancial en las opiniones sobre la extracción de combustibles fósiles. La significativa influencia del carbón, petróleo y gas en el cambio climático global, junto con el aumento de las fuentes alternativas de energía renovable, ha acentuado la necesidad de reducir y eventualmente eliminar los combustibles fósiles.


Mientras el mundo se esfuerza por disminuir el consumo de estos recursos, surge un nuevo concepto: la idea de que deberíamos comenzar a prescindir de ellos antes de agotar completamente su extracción de la corteza terrestre. La AIE sostiene que el planeta podría alcanzar este punto hacia finales de la década de 2020, según las proyecciones de su informe petrolero a medio plazo. Estas proyecciones se alinean en gran medida con su "escenario de políticas establecidas", que representa un panorama global conservador basado en lo que ya se ha implementado para lograr cambios climáticos y metas energéticas, en lugar de asumir que se cumplirán todos los objetivos establecidos.


Ciarán Healy, analista del mercado petrolero de la AIE, explicó que esto se trata de una visión de lo que se anticipa sucederá basada en lo que se ha comunicado o en lo que se está seguro de que ocurrirá. La AIE señala que sería necesario implementar políticas adicionales y cambios de comportamiento para lograr una disminución anticipada en la demanda de petróleo. Incluso el monitoreo del uso actual de petróleo representa un desafío considerable, ya que, según Healy, "aquí hay un gran equipo de estadísticos que esencialmente no hacen nada más”.


La predicción abarca hasta el año 2028, cuando la Agencia Internacional de Energía (AIE) estima que el mundo estará cerca de alcanzar la demanda máxima de petróleo.


Esta es la primera vez que la AIE ha determinado que la demanda global de petróleo llegará a su punto máximo en un período de tiempo tan corto, lo que ha sido sorprendente según Ciarán Healy, analista del mercado petrolero de la AIE. Él menciona que este resultado fue notable y de gran interés.


Para comprender la perspectiva de la AIE sobre el punto máximo de la demanda de petróleo, es fundamental considerar que el sector del transporte constituye el principal consumidor de petróleo, representando alrededor del 60% de los 100 millones de barriles diarios consumidos en todo el mundo.


Específicamente, aproximadamente el 45% de este total, equivalente a 45 millones de barriles al día, se destina a combustibles para vehículos como automóviles, camiones y camionetas, según lo señalado por Healy.


Aquí es donde ya están emergiendo factores determinantes que están reduciendo la demanda de petróleo de manera significativa. Dos factores destacados son la llegada de alternativas de combustibles para vehículos, en particular los vehículos eléctricos, y una mayor eficiencia en los vehículos en general.


Healy menciona que los vehículos eléctricos han sido un gran éxito y ya están teniendo un impacto en la demanda de gasolina, especialmente en regiones como China, Europa y Norteamérica. A nivel global, los vehículos eléctricos representaron el 14% de todas las ventas de vehículos nuevos en 2022, en comparación con el 9% en 2021 y menos del 5% en 2020.


Healy también indica que se espera que este impacto continúe en aumento debido al crecimiento de las ventas de vehículos eléctricos y a la sustitución de los motores de combustión interna en la flota vehicular.


Los próximos cambios masivos en el transporte global no siempre son fácilmente perceptibles para todos, como señaló Halttunen. Por ejemplo, en China, hay alrededor de 600,000 autobuses eléctricos y 13.8 millones de vehículos eléctricos en circulación, lo que representa más de la mitad de la flota mundial. Simultáneamente, la mejora en la eficiencia de los vehículos en diversos países y modos de transporte, impulsada en gran parte por normativas gubernamentales, está contribuyendo a mitigar los aumentos en la demanda de petróleo.


Healy indicó que al reemplazarse vehículos más antiguos, que en su mayoría fueron adquiridos hace 15 o 20 años, por otros nuevos y considerablemente más eficientes, o aeronaves más modernas que sustituyen a modelos más antiguos y menos eficientes, esta renovación contribuye a limitar el incremento en múltiples categorías.


Sin embargo, estos dos factores que restringen el uso global de petróleo en el transporte se ven contrarrestados en cierta medida por el creciente deseo de personas alrededor del mundo de desplazarse con mayor frecuencia. El aumento de población y desarrollo económico, especialmente en naciones de ingresos bajos a medios, genera una presión subyacente sobre la demanda de movilidad y el consiguiente requerimiento de combustibles.


En este sentido, la AIE anticipa que India podría jugar un papel crucial como el mercado de petróleo de más rápido crecimiento en los próximos cinco años. No obstante, el incremento en la demanda de SUV de alto consumo de gasolina está impulsando emisiones de CO2, particularmente en Estados Unidos.


A pesar de estos factores, la AIE espera que para 2026, el uso general de petróleo en el transporte alcance su punto máximo y comience a declinar. Cabe destacar que la demanda general de petróleo seguirá aumentando en este período en gran parte debido a otro sector en particular.


Por qué no será suficiente

Alcanzar el punto máximo de demanda de petróleo, así como de carbón y gas, marca un paso necesario en la dirección de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, aunque subsiste una extensa travesía antes de observar una disminución sustancial en el uso de combustibles fósiles.


"La acción primordial para mitigar el cambio climático radica en dejar de consumir combustibles fósiles", afirmó Halttunen. "Aunque estamos lejos de detenernos por completo, cualquier indicio de que podemos menguar, o al menos detener el crecimiento, sería acogido", añadió la especialista.


Un escenario en el cual los combustibles fósiles adquieran menos valor, como podría suceder con la transición hacia fuentes de energía renovable, es probablemente más realista que uno en el cual las empresas de combustibles fósiles cesen voluntariamente sus ganancias, sugirió.


La proporción de la energía total mundial aún proviene en un 82% de combustibles fósiles. Si bien las energías renovables, como la solar y la eólica, han experimentado un incremento rápido en los últimos años (alcanzando un 7.5% del consumo global de energía), han comenzado desde una base reducida. Halttunen considera asombroso este crecimiento hasta los niveles actuales para las energías renovables, superando las expectativas de la AIE.


Sin embargo, el uso global de energía está en aumento, y la disminución temporal causada por la pandemia, que se evidencia en el gráfico anterior, es solo transitoria. "A pesar de que algunos países desarrollados están reduciendo su consumo energético, todavía hay naciones en desarrollo que lo incrementan", apuntó Halttunen.


Si el uso total de energía sobrepasa el crecimiento de las fuentes renovables, la reducción de los combustibles fósiles no comenzará. Healy observa la proyección de la demanda máxima de petróleo de la AIE como "alentadora", ya que muestra consecuencias tangibles en el mundo real de políticas climáticas adecuadas. No obstante, también resalta que se precisa mucho más trabajo para abordar eficazmente el cambio climático. "Esto no basta, aún estamos lejos del camino hacia la neutralidad neta", afirmó. "Hay muchas más acciones por emprender para avanzar en esa dirección".


Fuente: https://www.bbc.com/mundo/noticias-66367497


  • agosto 15, 2023


En un contexto mundial donde el cambio climático y sus ramificaciones evolucionan de manera constante, emerge una nueva y compleja realidad emocional: la ecoansiedad. Este fenómeno refleja la carga psicológica que experimentamos al enfrentar los desafíos ambientales que impactan nuestro planeta y repercuten en nuestras vidas.

Uno de los mayores retos globales radica en afrontar los graves problemas medioambientales que ponen en riesgo tanto el presente como el futuro de la vida en la Tierra. Se incrementa la conciencia sobre los efectos dañinos que nuestras acciones humanas tienen en los ecosistemas naturales. Paradójicamente, nuestras acciones comprometen no solo la calidad del entorno, sino que también ponen en peligro la salud humana en última instancia. A causa de la actividad humana, se ha producido un aumento significativo en la concentración de diversas sustancias contaminantes en la atmósfera, las cuales resultan perjudiciales para los seres vivos. Esto a su vez conduce al efecto invernadero y al consiguiente cambio en los patrones climáticos de la Tierra, dando lugar a un aumento de fenómenos meteorológicos extremos que se materializan en forma de olas de calor, nevadas intensas, inundaciones, tornados, huracanes, sequías e incendios forestales.


El cambio climático es actualmente reconocido como el desafío más apremiante al que se enfrentan tanto la ciencia como la sociedad. Aunque en ocasiones se ha conceptualizado como un problema que afecta en su mayoría a los osos polares, cada vez es más claro que estos fenómenos pueden causar directa o indirectamente afectaciones físicas y psicológicas en los seres humanos. Por ejemplo, la salud física de las personas se ve amenazada por las altas temperaturas, la inhalación de partículas contaminantes presentes en el aire que respiramos y el aumento de enfermedades que anteriormente eran más localizadas, como el dengue o el paludismo. Además, se añade el impacto social originado por migraciones forzadas y conflictos vinculados al cambio climático.


Impacto de la Crisis Climática en la Salud Mental y la Emergencia de la Ecoansiedad

Los efectos del cambio climático sobre la salud mental pueden no ser tan evidentes como sus repercusiones físicas, pero existe una base científica que respalda la relación entre la crisis ambiental y la salud mental. Las investigaciones han demostrado que las intensas tormentas asociadas al aumento de las temperaturas globales están vinculadas a niveles elevados de trastorno de estrés postraumático, depresión, ansiedad y abuso de sustancias, como el alcohol. Además, el estrés derivado de los desastres naturales que afectan la infraestructura y la sociedad, incluyendo el cierre temporal de instituciones educativas y de salud, así como la interrupción de sistemas de transporte, añade presión emocional. Recientemente, los estudios han explorado la ansiedad generada por las percepciones individuales sobre el cambio climático y sus consecuencias, incluso en aquellos que no han experimentado directamente sus impactos.


Ecoansiedad: Explorando una Realidad Emocional

La ecoansiedad surge en un mundo donde la crisis climática y sus implicaciones se encuentran en constante evolución. Este fenómeno refleja la carga psicológica que se experimenta al enfrentar los desafíos ambientales que afectan el planeta y tienen impacto en nuestras vidas. La ansiedad, definida como un estado de agitación y preocupación, encuentra en la crisis ecológica, incluyendo el cambio climático, una fuente de situaciones difíciles de manejar debido a la incertidumbre, imprevisibilidad y falta de control. Así, es natural que los científicos muestren interés en el estudio de la ecoansiedad, que aborda la aprensión y el estrés que las personas sienten respecto a las amenazas a los ecosistemas. La ansiedad ante el cambio climático, una forma prominente de ecoansiedad, abarca miedos, preocupaciones, culpabilidad, desesperanza, pérdida y melancolía generados por el fenómeno. Cabe resaltar que la ansiedad en sí no es siempre patológica; se diferencia entre ansiedad adaptativa, que motiva la búsqueda de soluciones, y ansiedad disfuncional, que lleva al sufrimiento y a menudo a la inacción.


Diversos Niveles de Ecoansiedad

Investigaciones en múltiples países, incluyendo España, Estados Unidos, Brasil, Nigeria, Reino Unido, Italia, Alemania, Canadá, Filipinas e India, indican una respuesta emocional negativa al cambio climático que ha aumentado en los últimos años. Aunque es común, en la mayoría de los casos no se considera patológica. Sin embargo, se han identificado grupos más vulnerables a niveles altos de ecoansiedad. Las personas con mayor conexión a la tierra, como indígenas, agricultores y ganaderos, experimentan más temor y desesperanza frente al cambio climático. También, aquellos con menos apoyo social y resiliencia muestran mayor ecoansiedad. Las mujeres puntuaron más alto en ecoansiedad que los hombres, reportando mayor nerviosismo y angustia ante el cambio climático.


Sensibilidad de Niños y Adolescentes ante la Ecoansiedad

Los niños y adolescentes poseen una sensibilidad particular hacia la ecoansiedad debido a que están en proceso de formación de su percepción del tiempo, el espacio y el yo. En consecuencia, los problemas ambientales abstractos como el cambio climático pueden resultar abrumadores para ellos, generando sentimientos de frustración, miedo y desesperanza. Una investigación realizada en el Reino Unido con niños y adolescentes de 8 a 16 años reveló que el 73% de ellos se preocupa por el estado del planeta, el 19% ha experimentado pesadillas relacionadas con el cambio climático y el 41% duda de que los adultos tomen medidas eficaces para enfrentar la crisis climática.


Un estudio reciente en España, con colaboración de las universidades de Zaragoza, Pontificia Comillas y Autónoma de Madrid, mostró que aproximadamente el 50% de los 1.300 adolescentes entrevistados (edades entre 12 y 19 años) sienten temor a posibles eventos terribles vinculados al cambio climático. Además, el 20% manifestó nerviosismo, angustia o tensión al considerar el cambio climático. Estos sentimientos son más pronunciados en aquellos que carecen de confianza en que los políticos aborden eficazmente la crisis climática, lo cual se aplica a más del 50% de los entrevistados.



El 40% de los adolescentes cuestiona por qué no se maneja mejor el problema del cambio climático, y un 15% de ellos experimenta dificultades de concentración debido a esta cuestión, lo que podría afectar su vida cotidiana, como en el ámbito educativo. Aquellos adolescentes con una fuerte conexión emocional con la naturaleza son más propensos a padecer ecoansiedad, coincidiendo con hallazgos en adultos, donde aquellos dedicados al estudio del clima y los que identifican la naturaleza con su identidad sufren ecoansiedad, a veces incluso abandonando su profesión.


De la Inacción a la Acción

Aunque la tecnología puede ayudar a paliar el daño ambiental causado por nuestras acciones, no existe una solución meramente técnica para la crisis ecológica actual. Por lo tanto, las intervenciones para abordar los desafíos ambientales deben fomentar cambios en actitudes y comportamientos personales y colectivos. Educadores y psicólogos ambientales han utilizado la estrategia de enfatizar los impactos adversos de las acciones humanas en la naturaleza, con el fin de promover sentimientos negativos como la indignación por la insuficiente protección del entorno y la culpa por el legado que dejamos a las generaciones futuras. Estos sentimientos, junto con la ecoansiedad resultante, pueden impulsar acciones a favor del medio ambiente, pero también pueden generar una reacción opuesta. Es posible sentir que nuestros esfuerzos no serán suficientes para revertir la crisis climática, o que el mensaje es demasiado alarmante, lo que podría llevar a niveles disfuncionales de ecoansiedad o incluso apatía ante la crisis climática.


Existen otras estrategias para fomentar comportamientos proambientales que evitan el enfoque más alarmante y, al mismo tiempo, tienen el potencial de reducir la ecoansiedad. Una de las tácticas que ha ganado relevancia en los últimos tiempos es la promoción de un sentido de pertenencia a una comunidad consciente de la causa climática. Investigaciones recientes indican que el uso de redes sociales y la influencia ejercida por "influencers" pueden ser herramientas efectivas para llegar a las generaciones más jóvenes en favor del medio ambiente. Por ejemplo, el movimiento Fridays For Future, impulsado por jóvenes activistas climáticos de entre 13 y 25 años, como iniciativa de Greta Thunberg, se basa principalmente en la percepción de activismo dentro del círculo de amigos, la identificación con otros que también se comprometen con la protección del clima y la norma ambiental personal.


Los sentimientos de autoeficacia colectiva, que reflejan la creencia en que colectivamente podemos realizar acciones significativas para mitigar el cambio climático, derivados de estos movimientos, contribuyen a reducir la frustración y desesperanza típicas de la ecoansiedad.


Otra estrategia en la lucha contra la crisis ecológica y la ecoansiedad radica en reconectar a las personas con entornos naturales, ya que la interacción directa con la naturaleza desempeña un papel crucial en la formación de la conciencia ambiental y en la promoción del bienestar personal. Particularmente significativas son las experiencias en la naturaleza durante la infancia, las cuales dejan una impresión duradera en los niños y niñas que persiste hasta la edad adulta. Por lo tanto, dedicar tiempo a lugares naturales se vincula con actitudes ambientales más positivas, un mayor vínculo emocional con la naturaleza, una mayor apreciación de la belleza del entorno, un sentido de conexión con el medio natural, una comprensión más profunda del entorno y un desarrollo de la moralidad hacia los elementos naturales.


De esta premisa se deduce que, si esperamos que las personas tomen medidas para contrarrestar las consecuencias negativas del cambio climático, es imperativo que lleguen a conocer y valorar los entornos naturales, los cuales en última instancia estarán contribuyendo a preservar. Iniciativas como los baños de bosque (excursiones conscientes en entornos naturales, principalmente en bosques, en pleno reconocimiento del entorno) y la terapia de aventura en la naturaleza desempeñan una doble función al reconducir a las personas hacia niveles funcionales de ansiedad, mientras al mismo tiempo aumentan las acciones de protección del entorno.


Sin embargo, conocer el entorno no sería suficiente; es esencial que las personas también sean conscientes de las repercusiones reales de sus acciones a favor del medio ambiente. ¿Qué conlleva optar por la bicicleta o el coche compartido en lugar del vehículo propio para ir al trabajo? Hacer más tangibles las consecuencias positivas de nuestras acciones en la naturaleza potenciará nuestro sentido de eficacia y nuestro sentimiento de control sobre el cambio climático, que en sí mismo es un fenómeno incontrolable a nivel individual. Este enfoque redundará en una disminución directa de la ansiedad ante el cambio climático.


La investigación científica actual establece que la ecoansiedad relacionada con las implicaciones actuales y futuras de la crisis climática sobre el planeta y la salud humana afecta a diversos grupos demográficos. Cuando la frustración, la desesperanza y la inquietud derivadas de la crisis climática paralizan nuestras acciones y dificultan nuestras vidas diarias, es apropiado buscar asistencia profesional. En este ámbito, encontraremos herramientas que nos ayudarán a afrontar la incertidumbre y la falta de control del cambio climático desde una perspectiva más tranquila. En términos generales, los niveles de ecoansiedad identificados tanto en adultos como en niños y adolescentes se mantienen en rangos funcionales que, a pesar de su incomodidad, no demandan intervención psicológica. Estos niveles moderados de ansiedad reflejan la creciente preocupación de las personas por la naturaleza, su propio bienestar y el de las futuras generaciones, y son fundamentales para impulsar la acción climática.


Fuente: https://www.muyinteresante.es/naturaleza/61197.html


  • agosto 15, 2023


¿Cuál es la mejor ciudad del mundo para vivir? Según el Índice de Economist Intelligence Unit de 2023, que abarca 173 ciudades y evalúa categorías como estabilidad, salud, cultura, educación e infraestructura, Viena en Austria ha sido clasificada como la mejor ciudad del mundo para vivir por segundo año consecutivo.

La clasificación se basa en cinco métricas: atención médica, cultura, medio ambiente, educación y estabilidad. Viena se ha destacado en estos aspectos y ha obtenido el primer lugar debido a su "combinación insuperable de estabilidad, infraestructura sólida, educación de calidad, servicios de salud accesibles y una rica oferta cultural y de entretenimiento". Conocida como la "ciudad de los sueños", Viena parece ser un lugar idílico para vivir.


El índice global de este año muestra puntuaciones de optimismo e inestabilidad que han vuelto a niveles previos a la pandemia de Covid-19, lo que indica que el mundo se ha recuperado completamente de esa crisis. Aunque las puntuaciones de estabilidad disminuyeron en promedio en 2023 debido a tensiones globales, disturbios políticos, protestas sociales, inflación y conflictos bélicos, el fin de las restricciones pandémicas ha mejorado los puntajes en cultura y medio ambiente, ya que los eventos y atracciones han regresado con fuerza.


Viena ha ocupado el primer lugar en varias ocasiones a lo largo de los años, pero en 2021 cayó al puesto 12 debido a los cierres que afectaron sus museos y restaurantes. Sin embargo, la ciudad se recuperó, manteniendo su dominio en 2022 y 2023. La segunda posición la mantiene Copenhague. Es notable que ninguna ciudad estadounidense se encuentra en el top 10, siendo Honolulu la mejor clasificada en el puesto 25. En general, el dominio europeo en esta lista es evidente.


En la lista le siguen dos ciudades australianas, Melbourne y Sídney, en el tercer y cuarto lugar respectivamente. Los autores del informe mencionaron que las ciudades australianas, que experimentaron altibajos en los rankings durante la pandemia, ahora ocupan estas posiciones. Han mejorado sus puntajes en el área de atención médica desde el año pasado, cuando aún estaban lidiando con las olas de Covid-19 que ejercían presión sobre sus sistemas de salud.


El aumento en la calidad de vida de este año se atribuye en gran medida a los avances en los puntajes de educación y atención médica en Asia, África y el Medio Oriente después del período posterior a la pandemia. La región de Asia Pacífico es la que más ha mejorado, mientras que las ciudades de Europa occidental han descendido en la clasificación, principalmente debido a huelgas y disturbios civiles.


Las 10 mejores ciudades para vivir son las siguientes:

1. Viena, Austria

2. Copenhague, Dinamarca

3. Melbourne, Australia

4. Sídney, Australia

5. Vancouver, Canadá

6. Zúrich, Suiza

7. Calgary, Canadá

8. Ginebra, Suiza

9. Toronto, Canadá

10. Osaka, Japón y Auckland, Nueva Zelanda (ambas empatan en el décimo lugar).


A pesar de que Europa tuvo un buen desempeño en la parte superior de la lista, también dominó la categoría de ciudades que experimentaron las mayores caídas en la clasificación este año. Por ejemplo, Londres en el Reino Unido pasó del puesto 12 al puesto 46, Estocolmo en Suecia descendió del 22 al 43, y Edimburgo en Escocia cayó del puesto 35 al 58. En Estados Unidos, dos ciudades californianas, Los Ángeles y San Diego, cayeron 17 lugares en el ranking del año pasado y ahora están fuera de los primeros 50 puestos.


Fuente: https://www.muyinteresante.es/actualidad/61077.html


  • agosto 15, 2023

Desde el año 2019, se han desmantelado un total de 73 aserraderos clandestinos donde se procesaba madera obtenida de manera ilícita, y se han confiscado 70 vehículos relacionados con estas actividades.


A lo largo de los años, el número de denuncias por tala ilegal en la Ciudad de México presentadas ante la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) ha ido aumentando de manera significativa. Hasta el 24 de julio de 2023, este año se está perfilando como el que ha tenido más denuncias en casi dos décadas.


En el periodo comprendido entre el año 2006 y el 24 de julio de 2023, se habían registrado un total de 123 denuncias por tala ilegal en la capital. Estas denuncias fueron presentadas por ciudadanos, grupos sociales, organizaciones no gubernamentales, asociaciones y sociedades. De ese total, 58 denuncias (47%) ya habían sido concluidas, mientras que 65 (53%) estaban aún en proceso de "trámite" en esa fecha.


Según la Profepa, existen ocho razones detalladas en el artículo 199 de la Ley General de Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente que pueden llevar al cierre de un expediente de denuncia. Estas razones incluyen la declaración de incompetencia por parte de la Profepa, la emisión de recomendaciones pertinentes, la determinación de la ausencia de infracciones a la ley ambiental, la falta de interés por parte de los denunciantes y la previa emisión de dictámenes que señalen la acumulación de expedientes.


Además de haberse llegado a una solución mediante conciliación entre las partes involucradas, también se han cerrado denuncias populares debido a la emisión de resoluciones después de las inspecciones realizadas por el personal de la Profepa en los lugares donde se reportaron las actividades de tala ilegal. Por último, algunas denuncias han sido cerradas debido al desistimiento del propio denunciante.


De acuerdo con los datos proporcionados por la Profepa en respuesta a una solicitud de información con el folio: 330024423001200, se ha observado un marcado incremento en el número de denuncias por tala ilegal en los últimos años.


Si analizamos el periodo desde 2006, podemos notar que la primera denuncia por tala ilegal fue presentada en 2008, específicamente en la alcaldía de Álvaro Obregón.


Entre los años 2009 y 2012, no se registraron denuncias de este tipo por parte de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente.


En 2013, se reportó una denuncia en la alcaldía Miguel Hidalgo; en 2014, no hubo denuncias.


El año 2015 registró dos casos; en 2016, hubo una denuncia; en 2017, se reportaron seis; en 2018, tres; en 2019, ocho; y en 2020, cinco casos.


Durante 2021, la Profepa documentó 16 casos de denuncias por tala ilegal; en 2022, esta cifra aumentó a 18; y para el presente año 2023, se han reportado 62 denuncias, lo que indica un incremento del 244.4% entre 2022 y 2023.


En contraste, los registros de la Profepa desde el año 2006 revelan que Tlalpan es la zona con la mayor cantidad de denuncias presentadas, totalizando al menos 29 casos.


Le siguen en número de denuncias las alcaldías de Álvaro Obregón, con 22 casos; Milpa Alta, con 17 casos; Cuajimalpa, con 11 casos; y Gustavo A. Madero, con 7 casos.


Conforme al documento oficial PFPA/1.7/12C.6/1604/2023, durante el período que va desde enero de 2019 hasta mayo de 2023, se ha confiscado en la Ciudad de México un total de 1,234.35 metros cúbicos de madera derivada de la tala ilegal de árboles.


Adicionalmente, se ha llevado a cabo la clausura de 73 instalaciones clandestinas de aserraderos, donde se procesaba la madera resultante de la tala ilegal, y se ha asegurado la retención de 70 vehículos involucrados en estas actividades ilícitas.


Fuente: https://www.eleconomista.com.mx/politica/Crecen-244-denuncias-por-tala-ilegal-en-la-CDMX-20230730-0069.html


  • agosto 15, 2023

 

Viridiana Maldonado, quien dirige la región del Centro Mexicano de Derecho Ambiental, señaló que además de la tala de árboles sin obtener la aprobación para cambiar el uso de suelo, el Gobierno federal ha ignorado la orden de suspensión definitiva emitida en mayo de 2023 por el juez del primer distrito con sede en Yucatán. Esta orden exigía la detención de la deforestación en los tramos 3, 4, 5 norte y 6 del Tren Maya.


En Cancún, Quintana Roo, una investigación llevada a cabo por la organización Cartocrítica revela que el Tren Maya ha ocupado 10,831 hectáreas de terreno, de las cuales 6,659 corresponden a selvas deforestadas en el proceso de construcción del proyecto. Además, se ha descubierto que el 87% de estas áreas no cuentan con la autorización necesaria para cambiar el uso de suelo en terrenos forestales (CUSTF).


Los tramos con la mayor deforestación sin autorización son el Tramo 4 (Izamal–Cancún) con 1,316 hectáreas, el Tramo 6 (Tulum–Chetumal) con 1,308 hectáreas y el Tramo 5 (Cancún–Tulum) con 851 hectáreas.


Esta información fue presentada en una conferencia de prensa virtual organizada por el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (Cemda), en la que Manuel Llano, director de Cartocrítica, aseguró que las áreas afectadas por el tren fueron identificadas a través de imágenes satelitales proporcionadas por la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad.


"Observamos que la deforestación es mucho más extensa de lo que se permite con los permisos existentes; Fonatur tiene algunos permisos, pero no todos", resaltó el director de Cartocrítica.

Incluso en los tramos 6 y 7 del Tren Maya, donde se ha deforestado un total de 2,089 hectáreas, ninguna de estas áreas cuenta con la debida autorización para cambiar el uso de suelo, lo cual en sí mismo constituye una infracción ambiental según las leyes mexicanas, añadió el director de Cartocrítica.


"Durante el solo mes de junio, se llevó a cabo la deforestación de 104 hectáreas como resultado de las obras del Fonatur - Tren Maya, de las cuales apenas 1 hectárea tenía autorización para el cambio de uso de suelo. Al mismo tiempo, resulta evidente que en los tramos 6 y 7, con un total de 2,089 hectáreas deforestadas, no se ha concedido ni un solo permiso de CUSTF. Instamos a las autoridades federales y judiciales encargadas de la protección de los bosques y selvas de México a que hagan uso de sus facultades de sanción y supervisión, ya que cuentan con esta plataforma para facilitar su labor", expresó el director de Cartocrítica.


En el transcurso de la presentación, Viridiana Maldonado, quien ocupa el cargo de directora regional del Cemda, reveló que además de la deforestación sin los debidos cambios en el uso de suelo, el Gobierno federal, a través del Fondo Nacional de Fomento al Turismo y la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), ha violado la suspensión definitiva otorgada en mayo de 2023 por el primer juez de distrito con sede en Yucatán. Esta suspensión ordenaba detener la eliminación de selva en los tramos 3, 4, 5 norte y 6 del Tren Maya.


"Es posible identificar que hasta junio de 2023, se ha deforestado al menos 67 hectáreas de cobertura forestal que no están contempladas en las autorizaciones de CUSTF, dentro de los tramos mencionados, donde Fonatur y sus contratistas han continuado con la deforestación de manera ilegal y en flagrante incumplimiento de la suspensión dictada por el tribunal federal", señaló.


Por su parte, Sergio Madrid, quien dirige el Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible (CCMSS), destacó que el Tren Maya potenciará proyectos energéticos, turísticos, inmobiliarios y agroindustriales que han sido responsables de la deforestación de entre 40,000 y 90,000 hectáreas de selva por año en la Península de Yucatán.


Fuente: https://www.eleconomista.com.mx/estados/Activistas-documentan-desmonte-de-5600-hectareas-de-selva-sin-permisos-para-el-Tren-Maya-20230802-0062.html

  • agosto 15, 2023

 


A medida que las temperaturas de los océanos aumentan en general, una notable área en el Atlántico Norte parece desafiar esta tendencia.

La imagen es evidente: en medio de un panorama de colores rojos y naranjas que indican calentamiento, una región de tonos azules en el océano cerca de Canadá y Groenlandia señala temperaturas más frías.

Este fenómeno se conoce como "blob frío" y se ha observado durante aproximadamente la última década.

La teoría más aceptada hasta ahora en relación con esta persistente anomalía sugiere que está vinculada a una ralentización en un sistema de circulación oceánica global conocido como la Circulación de Vuelco Meridional del Atlántico, o AMOC por sus siglas en inglés.

Este sistema transporta aguas cálidas desde los trópicos hacia el norte del Atlántico en lo que se asemeja a una cinta transportadora.

De manera sencilla, lleva agua cálida hacia el norte y devuelve agua fría hacia el sur, bajo la superficie.

Sin embargo, una nueva investigación ha revelado que los cambios en los patrones atmosféricos a gran escala también pueden tener un papel igualmente importante en la formación del "blob frío”.

"El cambio en la circulación atmosférica tiene un impacto lo suficientemente significativo como para tener efectos a largo plazo en los sistemas climáticos", explicó Laifang Li, profesora de meteorología y ciencias atmosféricas en la Universidad Estatal de Pensilvania en Estados Unidos, y coautora de la investigación, en un comunicado.

De acuerdo con estos investigadores, la Oscilación del Atlántico Norte (NAO por sus siglas en inglés) también podría haber contribuido de manera considerable.

Los científicos concluyeron que los hallazgos indican que la NAO podría tener un rol igual de importante que la AMOC.

La NAO es un patrón de circulación atmosférica que involucra un sistema de baja presión cerca de Islandia y uno de alta presión cerca de las Islas Azores, lo que influye en los vientos occidentales en el océano.

Durante la fase positiva de la NAO, los vientos en el Atlántico Norte subpolar se intensifican, lo que según Li tiene un efecto similar a remover una cuchara en un líquido caliente para enfriarlo.

"Cuando queremos enfriar una taza de café caliente, revolvemos la superficie, y eso promueve la pérdida de calor. Eso es exactamente lo que los vientos intensificados hacen en la superficie del océano: tiene un efecto de enfriamiento directo", explica.

Además, según los investigadores, la fase positiva de la NAO ha predominado más en el último siglo.

Esto ayuda a entender por qué el "blob frío" no contradice el calentamiento global, sino que es una manifestación local del cambio climático que va en contra de la intuición.

Aunque algunos estudios sugieren que el "blob frío" puede ralentizar el derretimiento de los glaciares en la región, Li no está convencida de una relación directa.

"No estamos seguros de cómo la presencia del 'blob frío' podría influir en el hielo marino del Ártico, ya que la interacción entre la atmósfera, el océano y la criosfera es un problema multifacético con procesos competitivos", explica a BBC Mundo.

Además, no considera que pueda disminuir la temperatura global, ya que solo abarca una parte del océano.

"Cuando se promedia a nivel mundial, la contribución de la temperatura local al promedio general puede no ser lo suficientemente significativa para contrarrestar los efectos del calentamiento en otras áreas", señala.

No obstante, debido a que el fenómeno es influenciado por el cambio climático y también debido a su ubicación, los investigadores creen que es vital monitorear su evolución.

"Se encuentra en la región de formación de aguas profundas, que es crucial para la AMOC, un importante mecanismo de transporte de calor que mantiene un clima habitable en las latitudes medias del Atlántico Norte", comenta Li.


Fuente: https://www.bbc.com/mundo/articles/cglye442k05o

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