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miércoles, 4 de febrero de 2026

  • febrero 04, 2026



Caminar por la ciudad podría dejar de ser un simple desplazamiento y convertirse en una forma cotidiana de generar energía. Esa es la premisa detrás de una innovación desarrollada por la empresa británica Pavegen, que diseñó baldosas capaces de transformar cada paso humano en electricidad reutilizable para el entorno urbano.

La tecnología propone un modelo distinto de aprovechamiento energético en espacios públicos: calles, estaciones de transporte, aeropuertos o centros comerciales, donde el tránsito constante de personas se convierte en una fuente renovable de energía. Lo que durante décadas se consideró energía desperdiciada hoy puede alimentar luminarias, sistemas digitales o pequeños dispositivos electrónicos.

El origen de la idea

Pavegen Systems nació en 2009, fundada por Laurence Kemball-Cook, un diseñador industrial británico que desarrolló el concepto mientras estudiaba en la Universidad de Loughborough, en Inglaterra. Su intención inicial era crear una solución práctica que integrara diseño, tecnología y sostenibilidad, sin alterar la dinámica natural de las ciudades.

El resultado fueron baldosas modulares de aproximadamente 45 por 60 centímetros, diseñadas para resistir el paso continuo de grandes multitudes. Están pensadas para instalarse en lugares de alto flujo peatonal, donde el movimiento constante maximiza su rendimiento energético y justifica su implementación.

Cómo funcionan las baldosas cinéticas

El sistema se basa en principios físicos simples, pero aplicados con ingeniería avanzada. Cada baldosa cuenta con una superficie fabricada principalmente con materiales reciclados —como caucho proveniente de neumáticos— y un mecanismo interno que responde a la presión de la pisada.

Cuando una persona camina sobre ellas, la superficie desciende levemente entre 5 y 10 milímetros. Ese movimiento activa un sistema interno de presión triangular que transfiere la energía mecánica a un generador electromagnético. A través de inducción, ese desplazamiento se transforma en electricidad.

Cada paso puede producir entre 3 y 8 vatios-segundo, una cantidad modesta de forma individual, pero significativa cuando se acumula el tránsito de cientos o miles de personas a lo largo del día. Esa energía puede, por ejemplo, mantener encendida una lámpara LED durante varios segundos o contribuir a la carga de dispositivos electrónicos.

Más que electricidad: ciudades interactivas

El planteamiento de Pavegen no se limita a generar energía de manera aislada. La empresa apuesta por un modelo de infraestructura urbana inteligente, donde las baldosas alimentan sistemas de iluminación, riego, señalización digital y pantallas interactivas, sin depender de la red eléctrica convencional.

La energía producida puede utilizarse en tiempo real o almacenarse en baterías para su uso posterior. Además, la tecnología permite crear experiencias interactivas: baldosas que se iluminan al ser pisadas, emiten sonidos o muestran datos sobre la energía generada, reforzando la conexión entre los ciudadanos y el espacio que habitan.

En desarrollos más recientes, Pavegen incorporó un sistema híbrido llamado Solar+, que combina paneles solares con la tecnología cinética. En condiciones óptimas, esta integración puede multiplicar la producción energética hasta 30 veces, ampliando su viabilidad en entornos urbanos.

Aplicaciones reales alrededor del mundo

Lejos de ser un experimento aislado, la tecnología ya se ha implementado en más de 37 países, con más de un centenar de proyectos en funcionamiento. Uno de los casos más emblemáticos se encuentra en el aeropuerto Zayed de Abu Dabi, donde las baldosas conectan distintas terminales y alimentan pantallas que muestran en tiempo real la energía generada por los pasajeros.

También se han instalado en centros comerciales de gran afluencia en Londres, en espacios públicos de Washington D.C., y en proyectos comunitarios en países como Brasil y Nigeria. En estos últimos, incluso se han colocado en campos de fútbol, donde cada pisada de los jugadores contribuye a encender los reflectores del estadio.

¿Es una solución viable a largo plazo?

Uno de los principales desafíos de esta tecnología sigue siendo el costo. En sus primeras etapas, el precio por metro cuadrado era elevado, lo que limitaba su adopción masiva. Actualmente, cada baldosa ronda los 350 dólares, aunque la empresa proyecta reducir ese costo a futuro hasta cifras mucho más accesibles.

Si bien estas baldosas no resolverán por sí solas la crisis energética global, sí representan una alternativa complementaria relevante, especialmente en ciudades donde el espacio para grandes infraestructuras renovables es limitado. En ese contexto, aprovechar el movimiento cotidiano de las personas podría convertirse en una pieza más del rompecabezas energético urbano.

El verdadero potencial de esta tecnología dependerá de su escalabilidad, reducción de costos y de la voluntad de las ciudades para integrar soluciones sostenibles en su planificación a largo plazo.

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