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jueves, 22 de enero de 2026

  • enero 22, 2026

Un nuevo informe de Naciones Unidas advierte que el deterioro acelerado de los recursos de agua dulce ya no puede describirse solo como “estrés” o “crisis”, sino como una auténtica bancarrota hídrica en varias regiones del mundo, con impactos que trascienden fronteras.

El estudio, elaborado por el Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de la ONU (UNU-INWEH), señala que numerosas cuencas han superado puntos de no retorno: consumen más agua de la que reciben anualmente por lluvias y deshielos, y además están agotando sus reservas estratégicas, como acuíferos, glaciares y humedales.

De acuerdo con el informe, este fenómeno implica una pérdida permanente del “capital natural” del agua. En términos prácticos, significa que incluso años lluviosos ya no garantizan la recuperación de los sistemas hídricos dañados, cuyos problemas se han vuelto estructurales y crónicos.

El director del instituto, Kaveh Madani, explica que el mundo enfrenta un riesgo sistémico compartido. La escasez de agua ya influye en la producción de alimentos, las cadenas de suministro, los flujos migratorios y la estabilidad económica global, por lo que dejó de ser una suma de crisis locales aisladas.

Las cifras respaldan la gravedad del diagnóstico: cerca del 70% de los grandes acuíferos del planeta presenta un descenso sostenido; más de la mitad de los principales lagos han perdido volumen desde los años noventa; y aproximadamente 410 millones de hectáreas de humedales han desaparecido en las últimas décadas. A esto se suma la pérdida de más del 30% de la masa glaciar mundial desde 1970, lo que amenaza el abastecimiento de agua de cientos de millones de personas.

El informe identifica como zonas críticas a Oriente Medio y el norte de África, Asia Central y Meridional, el norte de China, el Mediterráneo y el sur de Europa, así como regiones de Estados Unidos, México, África austral y Australia. En estos territorios, la sobreexplotación sostenida y la degradación ambiental han reducido drásticamente la capacidad de recuperación de los sistemas hídricos.

Aunque el estudio no analiza países específicos, Madani subraya que el caso de Europa mediterránea demuestra que el problema no se limita a la falta de lluvias. Incluso en contextos agrícolas productivos, el uso intensivo del agua sin una gestión sostenible profundiza la vulnerabilidad de las cuencas.

Especialistas internacionales coinciden en que el informe expone con claridad el fracaso en la administración del agua como recurso estratégico. Algunos consideran que el término “bancarrota hídrica” es contundente, pero reconocen que ayuda a dimensionar la magnitud económica y ambiental de una crisis que ha sido largamente ignorada.

El reporte se publica en la antesala de una serie de encuentros clave que prepararán la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Agua de 2026, donde se espera que la gestión del agua se consolide como una prioridad central de la agenda global.


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