Las condiciones de sequía en México registraron una mejora significativa al inicio de 2026. De acuerdo con el Monitor de Sequía elaborado por la Comisión Nacional del Agua (Conagua), actualmente solo el 7% del territorio nacional presenta algún nivel de escasez hídrica, tras las intensas lluvias registradas en los últimos meses y el incremento en el almacenamiento de presas estratégicas.
El informe señala que más de dos mil municipios dejaron de reportar estrés hídrico desde mediados de enero, mientras que al menos 13 estados lograron superar las fases más críticas de sequía que afectaron al país en años recientes. La recuperación del Sistema Cutzamala —clave para el abastecimiento del Valle de México—, que alcanzó cerca del 97% de su capacidad, ha sido uno de los factores determinantes en esta mejora.
El Monitor de Sequía clasifica periódicamente las condiciones del país considerando variables como la precipitación acumulada, el escurrimiento de ríos y el nivel de almacenamiento en presas. Estos datos permiten evaluar la disponibilidad de agua y orientar decisiones de gestión hídrica a nivel nacional y regional.
El panorama actual contrasta con la crisis registrada entre 2021 y 2025, cuando extensas regiones enfrentaron pérdidas agrícolas, mortandad de ganado, presas en niveles críticos y riesgos de desabasto en diversas ciudades. Durante ese periodo también se incrementaron los incendios forestales y los costos de producción en el sector agropecuario.
Hacia finales de 2025, el almacenamiento nacional de agua alcanzó aproximadamente el 72%, mientras que más de 80 presas reportaron niveles cercanos al 100% de su capacidad operativa. En el norte del país, particularmente, las lluvias intensas permitieron la recuperación de acuíferos y mejoraron la disponibilidad de agua potable en varias entidades.
No obstante, especialistas advierten que la mejora no elimina el riesgo estructural asociado a la variabilidad climática. Señalan que la sequía seguirá siendo un fenómeno recurrente, por lo que será necesario fortalecer las estrategias de uso eficiente del agua, impulsar tecnologías de riego sustentable, ampliar la reutilización de aguas tratadas y mantener sistemas de monitoreo permanente.
La reducción de la sequía a niveles mínimos representa un avance importante tras varios años de crisis hídrica, pero el desafío de largo plazo continúa siendo la gestión sostenible del recurso en un contexto de cambio climático y crecimiento de la demanda.
