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jueves, 12 de febrero de 2026

  • febrero 12, 2026

 

Un reciente estudio científico identificó grupos específicos de murciélagos que concentran el mayor potencial de originar futuras epidemias, destacando que el riesgo no está distribuido de forma uniforme entre todas las especies. La investigación, publicada en Communications Biology y liderada por la científica Caroline A. Cummings, analizó cerca de 900 especies de mamíferos y más de cien virus conocidos para determinar patrones evolutivos asociados al riesgo sanitario.

Los resultados muestran que el orden completo de los murciélagos no representa, en conjunto, una amenaza elevada. Sin embargo, ciertas familias presentan una mayor probabilidad de albergar virus capaces de transmitirse con facilidad a los humanos, causar enfermedades graves y generar brotes con alta mortalidad. Entre los grupos que concentran este mayor potencial destacan los murciélagos de herradura (Rhinolophidae), varias especies insectívoras de la familia Vespertilionidae, así como integrantes de las familias Molossidae y Emballonuridae.

Muchas de estas especies habitan regiones cercanas a asentamientos humanos, lo que incrementa las oportunidades de contacto entre personas y fauna silvestre, elevando el riesgo de transmisión viral. No obstante, los investigadores subrayan que el hallazgo no implica una amenaza inmediata, sino que permite orientar de manera más precisa los sistemas de vigilancia epidemiológica hacia especies y regiones prioritarias.

El análisis también reveló que el riesgo aumenta en zonas donde coinciden estas especies con áreas altamente transformadas por la actividad humana. Regiones de Centroamérica, partes de la costa sudamericana, zonas de África ecuatorial y el sudeste asiático aparecen entre los territorios donde la interacción entre humanos y murciélagos podría facilitar la aparición de nuevos patógenos.

Los científicos enfatizan que la estrategia más efectiva no consiste en eliminar colonias de murciélagos —medida que puede incluso aumentar la circulación de virus al alterar sus refugios—, sino en proteger los ecosistemas, reducir la presión humana sobre los hábitats naturales y fortalecer la vigilancia sanitaria focalizada. Además, recuerdan que estos animales cumplen funciones ecológicas esenciales, como el control de insectos y la polinización, por lo que su conservación sigue siendo clave para el equilibrio ambiental.

Comprender qué especies presentan mayor potencial epidémico permite anticipar riesgos y diseñar políticas preventivas más eficientes, evitando alarmas generalizadas y enfocando los esfuerzos en la interacción entre la actividad humana y la biodiversidad.

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