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miércoles, 28 de enero de 2026

  • enero 28, 2026


Los incendios forestales que afectan al sur de Argentina volvieron a intensificarse en la provincia de Chubut y mantienen en una situación crítica a la localidad de Cholila, en plena Patagonia. Las llamas, que ya consumieron al menos 35.000 hectáreas, avanzan desde dos frentes y dejaron al pueblo prácticamente cercado, con caminos cortados y una población en estado de alerta permanente.

Los focos activos se extienden desde el Parque Nacional Los Alerces, al sur, y desde Puerto Patriada, al norte, rodeando a esta comunidad ubicada a unos 1.700 kilómetros de Buenos Aires. Ante el avance del fuego y la falta de recursos suficientes, los propios vecinos se organizaron en brigadas voluntarias para proteger viviendas, abrir cortafuegos y contener las llamas lo más cerca posible del casco urbano.

A mediados de enero, tras dos días de lluvias, el gobernador de Chubut, Ignacio Torres, había asegurado que los incendios estaban contenidos. Sin embargo, la tregua duró poco. La ausencia de nuevas precipitaciones, sumada a temperaturas superiores a los 30 grados y fuertes vientos, reactivó los focos y aceleró la propagación del fuego.

“El comportamiento del incendio es extremadamente agresivo y su avance fue mucho mayor de lo previsto”, explicó Mariano Amoroso, investigador del Instituto de Investigaciones en Recursos Naturales, Agroecología y Desarrollo Rural (IRAD). Según estimaciones preliminares, la superficie afectada ya supera las 35.000 hectáreas, una cifra inédita en al menos seis temporadas estivales y que duplica ampliamente el peor registro anterior.

La situación en Cholila es especialmente delicada. “El pueblo está completamente rodeado. Los brigadistas oficiales no alcanzan y el apoyo estatal es insuficiente”, advirtió Agustín Naula, vecino de la localidad y restaurador de bosques de la fundación ReforestArg. Desde hace casi un mes, dejó su trabajo habitual para sumarse a las tareas de emergencia. “Hacemos cortafuegos, enfriamos zonas calientes, limpiamos. La gente está agotada, no duerme, vive con miedo”, relató.

Aunque los incendios forestales forman parte histórica del paisaje patagónico, especialistas coinciden en que su frecuencia e intensidad aumentaron de forma marcada en las últimas dos décadas. Ya no se trata solo de fuegos más repetidos, sino de eventos más violentos, con verdaderas “tormentas de fuego” que generan columnas de aire caliente, ceniza y brasas capaces de iniciar nuevos focos a kilómetros de distancia.

El cambio climático aparece como un factor central en esta escalada: sequías prolongadas, vegetación más seca y un aumento de tormentas eléctricas —que elevan el riesgo de incendios por rayos— crean condiciones cada vez más propicias para estos desastres.

En este contexto, la respuesta comunitaria se volvió clave. En ausencia de un sistema estatal de prevención y combate suficientemente robusto, las brigadas vecinales se multiplicaron. Algunas cuentan con experiencia y capacitación, otras se formaron sobre la marcha. Mientras ciertas cuadrillas trabajan coordinadas con organismos oficiales, otras actúan de manera independiente, lo que en ocasiones genera tensiones y riesgos adicionales.

“La falta de formación y equipamiento adecuado puede poner en peligro tanto a los voluntarios como a los operativos oficiales”, advirtió Amoroso. Aun así, en varios puntos de la Patagonia, estas brigadas lograron llegar a zonas donde la ayuda institucional nunca apareció.

Con el verano aún lejos de terminar, Cholila y otras localidades patagónicas permanecen bajo amenaza, en una temporada de incendios que ya se perfila como una de las más devastadoras de los últimos años.

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