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viernes, 6 de febrero de 2026

  • febrero 06, 2026


Un equipo de investigadores logró extraer y analizar ARN funcional del tigre de Tasmania (tilacino), especie desaparecida en el siglo XX, marcando un avance significativo en el estudio genético de organismos extintos. El hallazgo permite conocer no solo la composición genética del animal, sino también la actividad de sus genes, es decir, cómo funcionaban en los tejidos vivos.

El análisis se realizó a partir de un ejemplar preservado desde finales del siglo XIX, lo que demuestra que las colecciones de museos pueden conservar material genético útil incluso después de más de un siglo. Este descubrimiento amplía las posibilidades de la investigación biológica al ofrecer información dinámica sobre especies desaparecidas.

Hasta ahora, los estudios de ADN antiguo proporcionaban una visión estática del genoma. En cambio, el ARN permite observar procesos celulares activos en diferentes tejidos. Aunque este material genético es extremadamente frágil y se pensaba imposible de recuperar tras décadas fuera de un organismo vivo, las condiciones de conservación secas y estables del espécimen evitaron su degradación completa. Con técnicas de secuenciación avanzada, los científicos lograron analizar millones de fragmentos y reconstruir con precisión procesos biológicos del animal.

Los resultados revelaron que el tejido muscular del tilacino contenía genes relacionados con la contracción muscular y el uso eficiente de la energía, lo que sugiere adaptaciones para el movimiento sostenido. En muestras de piel, se identificaron genes asociados a la producción de queratina, además de rastros de hemoglobina que indican el estado del ejemplar al momento de su preparación. La coherencia funcional de estos datos confirma la viabilidad del ARN antiguo para investigaciones evolutivas y ecológicas.

El tigre de Tasmania, un marsupial carnívoro que habitó Australia y Tasmania, desempeñaba un papel clave como depredador tope. Su desaparición, provocada principalmente por la caza intensiva y la pérdida de hábitat, alteró los ecosistemas locales. Comprender su biología funcional permite dimensionar mejor las consecuencias ecológicas de su extinción y resalta la importancia de conservar especies actuales que cumplen funciones similares.

Además, el estudio identificó microARN implicados en la regulación genética y señales de antiguos virus de ARN, lo que abre nuevas líneas de investigación sobre evolución viral a partir de especímenes históricos. Este enfoque, conocido como paleotranscriptómica, ofrece herramientas inéditas para estudiar los efectos profundos de la pérdida de biodiversidad.

El avance también subraya el valor científico de los museos de historia natural, cuyas colecciones funcionan como auténticos archivos biológicos capaces de aportar información clave para comprender el pasado y contribuir a la prevención de futuras extinciones.

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