lunes, 24 de noviembre de 2025

Riesgo ecológico en Latinoamérica: pesticidas peligrosos en aguas residuales urbanas

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 Una investigación realizada en Costa Rica puso en evidencia un problema poco discutido en la región: los pesticidas también se concentran en aguas residuales de origen urbano, incluso después de pasar por sistemas de tratamiento.

El análisis identificó 29 sustancias usadas de forma habitual en hogares, negocios e industrias. Estos compuestos aparecieron tanto en el agua que ingresa como en la que sale de cuatro plantas de tratamiento del Valle Central, la zona con mayor densidad poblacional del país.

Las sustancias más alarmantes fueron cipermetrina, diazinon, cinerina II, diuron y terbutrina. En todos los casos, sus concentraciones superaron los límites recomendados para la fauna acuática, lo que implica un riesgo constante para los ríos y quebradas que reciben estos vertidos. Además, pertenecen a grupos químicos asociados con daños neurológicos y alteraciones hormonales.

El hallazgo más sorpresivo fue la presencia de cinco pesticidas que nunca habían sido reportados en aguas residuales urbanas. Entre ellos destacan cinerina II, flubendiamida, dicloran, bifenilo y 1,4-dimetilnaftaleno. Muchos provienen de insecticidas domésticos, fungicidas para plantas ornamentales y conservantes utilizados en alimentos.

Herramientas para medir el impacto toxicológico

Para determinar la magnitud del riesgo, el equipo empleó un coeficiente de peligro que compara las concentraciones detectadas con niveles seguros para la vida acuática. También aplicaron pruebas con tres organismos centinela: un crustáceo de agua dulce, una bacteria luminosa y semillas de lechuga.

Los resultados fueron claros: 17 compuestos representaron un peligro ambiental significativo. No obstante, el panorama fue aún más complejo cuando se evaluó el efecto conjunto. La mezcla de todas las sustancias elevó la toxicidad total, tanto en el agua cruda como en el efluente tratado.

La combinación de químicos actuó de forma acumulativa, generando un riesgo mayor al que presentaría cada pesticida por separado. Este estudio es pionero en la región al considerar más de 400 ingredientes activos presentes en formulaciones comerciales.

El avance constituye un paso clave para comprender cómo las ciudades descargan contaminantes invisibles en los ecosistemas. También abre la puerta a futuras evaluaciones centradas en los efectos combinados de residuos químicos.

Limitaciones estructurales en el tratamiento de aguas

Especialistas en recursos hídricos señalan que esta problemática no se limita a Costa Rica. La mayoría de las plantas de tratamiento en América Latina fueron diseñadas para remover materia orgánica, pero no pesticidas ni sustancias altamente persistentes.

Como resultado, los efluentes terminan liberando compuestos que los sistemas no pueden retener ni degradar. Incluso, algunos pesticidas incrementaron su concentración en la salida de ciertas plantas.

Esto puede ocurrir cuando los químicos se desprenden de los sólidos retenidos o se transforman durante el proceso. El fenómeno pone en evidencia deficiencias que hacen urgente revisar los métodos actuales de depuración.

En Costa Rica, menos del 15 % de la población está conectada a sistemas de tratamiento de aguas residuales. Esto significa que la mayoría de los desechos urbanos llega directamente a los ríos. La combinación de baja cobertura y tecnologías insuficientes incrementa el riesgo para los cuerpos de agua dulce.

Una problemática regional que avanza más rápido que la regulación

El informe resalta un desafío mayor: la incorporación acelerada de nuevas moléculas al mercado. La industria introduce compuestos con rapidez creciente, mientras los marcos regulatorios tardan años en evaluarlos, controlarlos o prohibirlos.

Así, sustancias retiradas en naciones industrializadas siguen en circulación en mercados con controles más débiles. Este atraso regulatorio impacta directamente en los ambientes urbanos y en los cuerpos de agua.

Los pesticidas se aplican masivamente en jardines, edificios, comercios y espacios públicos sin orientación clara sobre sus efectos. El resultado es un flujo continuo de químicos hacia drenajes y ríos.

La magnitud del problema exige coordinar acciones con las instituciones encargadas del saneamiento y la planificación urbana. Las decisiones sobre infraestructura determinan qué sustancias llegan a los ríos y cuáles podrían ser filtradas o tratadas. La falta de actualización tecnológica y regulatoria deja a las ciudades vulnerables a una contaminación silenciosa pero persistente.

Beneficios de esta iniciativa científica para la región

El estudio abre una oportunidad para transformar la gestión ambiental urbana en América Latina. Su mayor aporte es visibilizar un problema antes ignorado: los pesticidas usados en la vida cotidiana también contaminan los ecosistemas.

Tener datos concretos permite promover políticas más efectivas y adaptadas a la realidad regional. Además, la metodología facilita identificar químicos emergentes de manera temprana.

Esto puede ayudar a actualizar normativas, restringir sustancias altamente tóxicas y mejorar los criterios para productos de uso doméstico. También ofrece herramientas para optimizar el diseño de plantas de tratamiento y fomentar tecnologías capaces de retener contaminantes persistentes.

La investigación impulsa la colaboración entre universidades, autoridades locales y entidades ambientales. Con evidencia sólida, la región puede avanzar hacia estrategias de prevención, educación ciudadana y monitoreo continuo. A largo plazo, estos esfuerzos podrían reducir la carga de químicos que llega a los ríos urbanos y fortalecer la salud de los ecosistemas.

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