miércoles, 29 de abril de 2020

El petróleo barato no va a afectar a las energías renovables

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Los incentivos públicos y la reducción de los costes de producción han hecho que la energía solar o la eólica sean menos susceptibles a los vaivenes por el precio del petróleo
Cuando los precios del petróleo se dispararon a finales de los setenta, el presidente estadounidense Jimmy Carter decidió instalar paneles solares en el tejado de la Casa Blanca. Por norma general, la subida y la bajada del precio del crudo provocan el auge y el enfriamiento del uso de renovables. A día de hoy, sin embargo, las cosas han cambiado y los mínimos históricos del petróleo no van a acelerar el desarrollo de las energías limpias.

Lo que más importa ahora es la regulación. Por la mente de los inversores ronda la duda de cómo de lejos van a llevar los gobiernos sus prioridades medioambientales una vez se establezca la hoja de ruta para la recuperación poscovid.

El petróleo y las renovables no son sustitutos directos: el primero se usa mucho para el transporte mientras que las segundas se utilizan para producir electricidad. Pero sí hay áreas en que son compatibles. Los coches pueden tener baterías y además motores de combustión, la calefacción puede ser eléctrica o de gas y las fábricas pueden funcionar con energía solar, eólica, carbón o gas natural, que suele ser un derivado de la producción petrolífera.

Los usuarios tienen opciones para elegir, pero una vez que compran una tecnología, el petróleo queda bloqueado. Eso ha provocado que los futuros del petróleo provoquen más expectación que los precios al contado. No hace tanto que las turbinas eólicas y los paneles solares eran caros, pero ahora, gracias a las ayudas estatales, los precios están parejos al petróleo, y todo apunta a que seguirán bajando.

Para los productores de crudo, la relación es todavía más directa: los altos precios generan más beneficios y eso permite hacer inversiones en proyectos limpios. Los gigantes europeos como Royal Dutch Shell o Total han invertido miles de millones en iniciativas renovables para probar cómo pueden seguir ganando dinero en un escenario con niveles de emisiones que respeten los Acuerdos de París. Esas inversiones están ahora en riesgo, pero, por suerte para el sector renovable, la industria petrolera solo representa un porcentaje de las inversiones.

Gran parte de los proyectos solares o eólicos está impulsada por servicios públicos o financiada por inversores institucionales ávidos de rentabilidad, como compañías de seguros o fondos de pensiones. Las inversiones en renovables crean un vínculo a largo plazo. Los bajos intereses ayudan a financiar los pagos iniciales, los costes de producción son bajos y el beneficio está casi garantizado a través de programas de compra de energía con gobiernos locales y otras compañías.
Los incentivos públicos fueron un apoyo importante para la industria durante el fuerte avance de los precios del petróleo, entre 2014 y 2016. Ahora, los proyectos pueden ser competitivos sin la ayuda de los gobiernos, aunque esos incentivos siguen siendo una buena baza. La ayuda pública será necesaria para el desarrollo de las redes de carga del coche eléctrico o las unidades de almacenamiento de energía inteligentes, cruciales para que renovables más intermitentes puedan aportar.

El conocido como Green Deal que la Unión Europea aprobó en diciembre incluye inversiones en tecnologías con bajas emisiones. China también ha incluido programas similares en sus recientes paquetes de estímulos. EEUU, bajo el mandato de Donald Trump, sigue siendo la excepción entre las grandes potencias económicas.

La crisis del coronavirus va a retrasar las inversiones en renovables, muy abajo en la lista de prioridades ahora que hay que lidiar con el parón económico. Para otros será el momento de tomarse más en serio los avisos de los científicos en cuanto al cambio climático. Los paquetes de medidas para la recuperación podrían incluir ayudas al coche eléctrico en EEUU o China, y acelerar la descarbonización.
Para los inversores 'verdes', hay otros riesgos más allá de la intervención estatal. Encontrar emplazamientos para, por ejemplo, granjas eólicas será más difícil y los precios fluctuarán más. Con la crisis del covid-19, será más complicado conseguir liquidez y eso podría retrasar proyectos.

Los bajos precios del petróleo son un desastre recurrente para la industria petrolera. Ahora, además, van a hacer inmune y más maduro el sector de las renovables.,

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