miércoles, 18 de octubre de 2023

Medellín, la ciudad colombiana que logró mitigar el calor mediante una red de pasajes verdes

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Moisés Castro lleva más de 30 años vendiendo frutas en un puesto de la Avenida Oriental de Medellín.

Todavía recuerda cuando décadas atrás el gobierno local taló los árboles que solían bordear la calle como parte de un proyecto para mejorar el flujo de tráfico.

Hoy en día, la avenida sigue siendo una vía principal con un tráfico intenso y una abundancia de comercios.

Sin embargo, gracias a la reversión de decisiones pasadas en relación con su vegetación, los alrededores de esta arteria se encuentran adornados con árboles frutales, arbustos y flores de gran tamaño.

Lo notable aquí no es solo el agradable clima durante todo el año, sino también la notable frescura en comparación con otras áreas de la ciudad que carecen de vegetación.

Este lugar cuenta con carriles para bicicletas que serpentean junto a las calles, y los peatones pueden descansar en bancos a la sombra de los árboles.

Conocida a veces como la "ciudad de la eterna primavera", Medellín ha atraído durante mucho tiempo a turistas debido a su clima templado durante todo el año. Sin embargo, la creciente urbanización también ha expuesto a la metrópolis al efecto isla de calor, en el cual los edificios y las carreteras absorben y retienen el calor.

No obstante, sus nuevos pasajes verdes han demostrado ser efectivos en la contrarrestación de este impacto.

Según datos del gobierno local consultados, estos pasajes verdes han contribuido a reducir la temperatura de la ciudad en 2°C.

Medellín, la segunda ciudad más grande de Colombia después de Bogotá, lanzó su programa de "corredores verdes" en 2016 debido a inquietudes sobre la contaminación del aire y el aumento de las temperaturas.

Este programa consta de más de 30 corredores verdes que conectan carreteras verdes, jardines verticales, arroyos, parques y colinas.


En un principio, el proyecto implicaba la siembra de aproximadamente 120.000 plantas y 12.500 árboles en carreteras y parques. Posteriormente, se propuso cultivar otros 2,5 millones de plantas más pequeñas y 880.000 árboles en toda la ciudad para 2021. La idea principal consistía en unir los espacios verdes de la ciudad mediante avenidas y calles arboladas que proporcionaran sombra. La inversión inicial para llevar a cabo el proyecto fue de US$16,3 millones, y se estima que el mantenimiento anual costó cerca de US$625.000 en 2022, según información proporcionada por el gobierno local.


Este proyecto ha ganado reconocimiento internacional debido a sus impresionantes resultados para refrescar la ciudad. Además de reducir el calor, los expertos sostienen que ha contribuido a mejorar la calidad del aire y ha reintroducido la vida silvestre en la ciudad. En un momento en el que las olas de calor relacionadas con el cambio climático son motivo de preocupación, especialmente en las ciudades, donde el efecto isla de calor urbano puede incrementar aún más las temperaturas, la estrategia de Medellín con sus corredores verdes se presenta como una solución popular y asequible que muchas ciudades intentan emular.


Este modelo podría convertirse en un ejemplo para las ciudades del futuro, especialmente aquellas que buscan ser resilientes ante el cambio climático. Además de abordar las preocupaciones sobre el calor urbano, el proyecto de corredores verdes en Medellín se implementó para combatir la mala calidad del aire provocada en gran parte por el aumento del transporte privado en la ciudad. 


Es importante destacar que Medellín se encuentra en el Valle de Aburrá, una formación geográfica que puede atrapar y retener la contaminación dentro de sus montañas, lo que no favorece la calidad del aire. Según IQair, una empresa suiza que mide la calidad del aire en todo el mundo, los niveles anuales de partículas (PM2,5) en Medellín, aunque no son los peores de América del Sur, triplican los límites considerados seguros por la Organización Mundial de la Salud (OMS) de un promedio máximo anual de 5 microgramos por metro cúbico (µg/m3). La contaminación en la segunda ciudad más grande de Colombia es más alta que en la capital, Bogotá, o que en Sao Paulo, la ciudad más poblada de América del Sur.


Durante la estación seca, cuando la ciudad enfrenta su peor período en cuanto a condiciones del aire debido a la disminución de las lluvias que normalmente ayudan a dispersar la contaminación, Medellín puede alcanzar niveles de PM2,5 de hasta 55 µg/m3, una cifra que suele generar preocupación entre las autoridades. Estos vínculos entre la exposición a PM2,5 (partículas diminutas en el aire) y enfermedades respiratorias están bien establecidos. Cuando la contaminación supera los 38 µg/m3, el sistema de alerta temprana del valle emite una advertencia que puede resultar en restricciones al uso de automóviles. También se aconseja a la población, especialmente a los grupos más vulnerables, que permanezcan en sus hogares. En 2015 y 2016, Medellín experimentó el pico más alto de contaminación del aire, lo que llevó a la población a presionar para que se tomaran medidas más sistemáticas contra la contaminación. Un estudio de 2020 de la Universidad de Antioquia en Medellín concluyó que en 2016 se produjeron 1.971 muertes prematuras en la región del Valle de Aburrá debido a la contaminación, y advirtió que estas muertes aumentarían considerablemente para 2030 si no se controlaban las emisiones de los vehículos.


Maurício Correa, investigador en ingeniería ambiental de la Universidad de Antioquia, explica que los árboles utilizados en los corredores actúan como "barreras verdes" contra estas peligrosas partículas, absorbiendo una cantidad significativa de contaminación. El experto señala que en el proyecto de Medellín se utilizaron especies conocidas por su eficacia en la absorción de contaminación, como el árbol de mango (Mangifera indica).


Un estudio de 2021, del cual Maurício Correa es coautor, identificó al árbol de mango como la mejor opción entre seis especies presentes en Medellín para absorber PM2,5 y sobrevivir en áreas contaminadas, gracias a sus "mecanismos bioquímicos y biológicos". Correa señala que esta planta es extremadamente resistente y puede sobrevivir en zonas altamente contaminadas, a diferencia de otras especies que no tienen la misma capacidad para hacerlo. Aunque aún no se ha realizado un estudio completo para evaluar en qué medida los corredores verdes han reducido la contaminación del aire, Correa y su equipo están en las primeras etapas de investigar este impacto, y planean publicar los resultados a principios de 2024.


El proyecto de corredores verdes comprende más de 30 corredores conectados, así como 124 parques que están interconectados a través de plantaciones. Este aumento en la vegetación en toda la ciudad también ha tenido un impacto climático positivo. Un estudio de 2019 realizado por la Universidad de Ingeniería de Antioquia estimó que dos de estos parques, los cerros Nutibara y Volador, eliminaban 40 toneladas de dióxido de carbono (CO2) anualmente de la atmósfera.


La población local en Medellín ha brindado un fuerte respaldo al proyecto de corredores verdes. Según Lina Rendón, subsecretaria de recursos renovables de la alcaldía local, el apoyo de la comunidad fue fundamental para el éxito del proyecto. Un factor clave fue el presupuesto participativo municipal, un fondo que permite a la población local elegir las iniciativas que desean financiar. En los últimos años, la comunidad ha seleccionado numerosas iniciativas verdes para la ciudad. El gobierno local, que asumió el cargo en 2019, ha plantado 9.332 árboles nuevos, y el área verde total de Medellín ahora abarca alrededor de cuatro millones de metros cuadrados.


Además, el proyecto de corredores verdes ha implementado un programa para contratar a personas desplazadas por la violencia en Colombia, ayudándolas a encontrar empleos permanentes como jardineros. Este enfoque no solo ha ayudado a revitalizar a personas socialmente vulnerables sino que también ha contribuido al cuidado y mantenimiento continuo de los corredores verdes.


El proyecto ha sorprendido positivamente a expertos y funcionarios locales. La reducción de la temperatura, que en algunas áreas ha superado los 3°C, fue mayor de lo esperado. Además, se ha observado el regreso de animales que no se veían en la ciudad desde hace muchos años, y se han detectado aves, lagartos, ranas y murciélagos que ahora habitan en los corredores. Esto ha ayudado a controlar las poblaciones de ratas y otras plagas.


Debido a estos logros, el proyecto recibió el premio Ashden en 2019 en la categoría de enfriamiento basado en la naturaleza, que celebra soluciones climáticas transformadoras. La fama del proyecto ha llevado a ciudades colombianas como Bogotá y Barranquilla a adoptar planes similares, construyendo sus propios corredores verdes. Incluso ciudades tan grandes como Sao Paulo han ampliado sus propias versiones de estos corredores. A pesar de estos avances, los debates sobre cómo transformar Medellín en una ciudad aún más verde y resistente al clima continuarán en los próximos años. Mientras tanto, los habitantes de Medellín pueden disfrutar de áreas más sombreadas y de un clima más templado mientras planifican cuidadosamente sus próximos pasos.


Fuente: https://www.bbc.com/mundo/articles/cp3d1v0rryro


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